¡VIVA LA REVISTA!

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lunes, 31 de agosto de 2015

Adiós a la sonrisa de la platea... (V)

Lina trabaja para la compañía de Colsada hasta 1958 presentando espectáculos internacionales como segunda y primera vedette con Adrián Ortega y Quique Camoiras en Mujeres o diosas (1956-57) y Beldades… y mentiras (1957-58).
En seguida comienza una ascendente carrera profesional, aunque nunca pasa de ser una segunda vedette con esbeltas estrellas anunciadas delante de ella en el cartel luminoso. En 1958 representa al famoso personaje “Pichi” de Las leandras. Con el que consigue su primer gran éxito profesional de crítica y público. 

Trabaja con Manuel Gómez Bur y la supervedette Maruja Boldoba en el Teatro Alcázar, en una compañía B, esto es, de las de verano. Esa noche del estreno la vedette Lina Morgan cosecha el gran triunfo de la noche teniendo que repetir el número hasta tres veces por exigencias del público. 
La actriz sigue su brecha hacia el éxito soñado que la estaba esperando, pero antes debe compartir escenario con Manuel Gómez Bur, con la compañía de Manuel Paso, con la de Antonio Amaya, con la de Ángel de Andrés, con la de Muñoz Román, con la de Tony Leblanc y Gila representando más y más revistas: Un matraco en Nueva York, Los diabólicos, El tren de la felicidad, Madame Frivolidad, todas ellas en 1958; ¡Oh, la, la!, El gato celoso y nuevamente Un matraco en Nueva York en 1959. 
Sería, sin embargo, Tony Leblanc quien le abriera otra puerta en el teatro al contratarla cómo vedette cómica y anunciándola delante de la estrella cinematográfica Katia Loritz, mucho más agraciada que Lina, pero menos graciosa.


Tony y Gila le conceden su primer homenaje y su primera medalla de oro al salvar las representaciones de la obra Éste y yo, Sociedad Limitada cuando, durante una representación, sufren un fuerte apagón de luz. Tuvo que ser Lina la que saliese a dar la cara cantando un número de una paleta que dejó al respetable un agradable sabor de boca en tan irritante momento.


Sigue trabajando como primera vedette en la compañía de Antonio Garisa y Mari Begoña, anunciándose por delante de la vedette Gogó Rojo, y apareciendo en las revistas Timoteo, ¿qué las das? y El hijo de Anastasia, hasta que en 1962, el empresario Muñoz Román le escribe a su medida una revista titulada El conde de Manzanares. Con mencionado espectáculo, estrenado en el Teatro Martín, tiene su lanzamiento como primerísima figura del teatro español, cosechando un enorme éxito de crítica y público. En ese mismo año hace un importante papel cómico en una traducción de la obra de Marc Camoletti Boeing-Boeing en el Teatro Eslava. Después regresa a las pasarelas de las revistas con la compañía de Manuel Paso en Una chica que promete en el Teatro Fuencarral de Madrid.