¡VIVA LA REVISTA!

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miércoles, 17 de abril de 2013

"Los Chicos" y LA BLANCA DOBLE (III)

La muerte del libretista sumió a su familia en la pobreza más absoluta y, Jacinto Guerrero, hombre de buen corazón y sabidos principios morales, decidió ponerle música para intentar ayudar en la medida de sus posibilidades a la familia del fallecido libretista[1].
 
 
A partir de entonces, la leyenda de La Blanca doble no hizo sino comenzar. La obra se eternizó en los carteles años y años, salió de gira por provincias en varias compañías y dio unos más que buenos dividendos a los familiares de sus autores.
 
 
Uno de los problemas con que tuvo además que enfrentarse esta singular obra fue el de la censura. Así, en algunas capitales de provincia como Las Palmas, topó con la intransigencia del obispo de aquella ciudad, monseñor Antonio Pildain, quien intentó por todos los medios posibles prohibir su exhibición en la capital canaria; sin embargo, no pudo hacer nada al respecto, aunque eso no quitara para que las señoras de Acción Católica se apostasen junto a la taquilla del teatro para, de rodillas y con el rosario en la mano, pedir la salvación de las almas de todos aquellos que acudían a la representación[2].
 


[1] Vid. LAGOS, Manuel: “La tristeza sobornada. El otro teatro (y III). El teatro musical en Madrid (1940-1985): la revista”, en ADE Teatro. Teatro de la España del siglo XX (III):1939-1985, nº 84, enero-marzo 2001, págs. 206 y 207.
[2] Vid. FEMENÍA SÁNCHEZ, op. cit., págs. 283-290.