¡VIVA LA REVISTA!

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lunes, 29 de septiembre de 2008

1908-2008: Centenario D. Adrián Ortega Martí (II)


No sé si muchos de vosotros me conocéis, algunos sé que sí. Sabéis mis gustos, mis aficiones y mi pasión, más bien, mi obsesión por todo lo que huela a teatro, teatro y más teatro. El teatro, mi segunda piel, me ha dado muchas más satisfacciones que muchas personas. Algunas de mis pasiones tetarales las conocéis; conocéis a mis autores predilectos y obras favoritas, períodos y personajes, actrices y actores y, entre ellos, sabéis que Muñoz Román, Mihura, Paso y Adrián Ortega es uno de ellos; no solamente porque su quehacer interpretativo me ha, nos ha brindado múltiples momentos e instantes de regocijante felicidad sino porque una de las mayores satisfacciones de mi vida ha sido conocer a su familia y que ésta me abriese las puertas de su casa; por ello, desde aquí, les doy la sgracias eternamente.
Este año de 2008 estamos conmemorando los 100 años de nacimiento del comediógrafo D. Adrián Ortega; desgraciadamente, la sinstitucione spúblicas y privadas se han abstenido (al menos por el momento) de brindarle el merecido homenaje que se merece. Hago, además, desde este pequeño balcón, un llamamiento a todos los que amáis la revista para que escribáis a la SGAE y, al menos, hagamos sentir nuestra voz sobre el homenaje a D. Adrián.
Yo voy a rendirle homenaje dedicándole esta semana entera para repasar su vida, su obra, sus interpretaciones, sus anécdotas, la vida y obra de un hombre que, por sí sólo, merecería figurar en cualquier prestigiosa enciclopedia o estudio dedicado al arte escénico en su anterior centuria.
Nacido en La Habana (Cuba) el 3 de octubre, la razón de su venida al mundo en América, se debió a sus padres y abuelos, quienes estaban de gira por el continente donde residieron cerca de veinte años. Procedente de una familia dedicada al arte de Talía desde sus tatarabuelos; era inevitable su dedicación a esta maravillosa profesión.
Su debut teatral se produjo en el Teatro Payret de La Habana a la edad de cuatro años. Al regreso de su familia a España, al principio de los años veinte del siglo pasado, comenzó a trabajar en las compañías de sus abuelos, donde se convirtió en un niño prodigio, encabezando comedias de la época.