¡VIVA LA REVISTA!

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martes, 21 de junio de 2011

Más sobre Amelia Aparicio

Mi amigo Jesús García Orts, en su magnífica y encomiable labor investigadora sobre Lina Morgan, me envió hace algunos días algunos datos biográficos sobre Amelia Aparico que creo os pueden resultar de utilidad.

Gracias, amigo Jesús, por toda tu información y por seguir, al igual que yo, investigando la revista para que no caiga en el olvido. Un abrazo."Amelia Aparicio comenzó en los años 40. Trabajó con el barítono Manolo Otero, con quien se casó, en el espectáculo “Mis dos caminos” (1949). El 13 de Agosto de 1954 realizó la reposición de “La Blanca Doble” en el Teatro Madrid, con la compañía “Mujeres”, con Luís Barbero, Marisol Clemens (la estrella) y Paco Bernal. En el mismo escenario, de los autores Paradas, Jiménez y Torres con música de Moreno Torroba y Montorio, estrenan “Paká y payá”. Dicha compañía pasó a ser un espectáculo exclusivo del empresario Matías Colsada, que en el Teatro Ruzafa de Valencia fue protagonizada por la vedette Maruja Tomás. Pasando después al Teatro Apolo de Barcelona y La Latina de Madrid.

El empresario Colsada la lleva en sus filas como primera vedette en espectáculos como “Ay que chica” o “Ay que loca” seguida de “Sirenas de Apolo”, con la compañía que lideran Gracia Imperio y Pedro Peña y Luís Cuenca. En 1957 estrena “Ay que loca” en el Teatro Fuencarral. El siguiente espectáculo se tituló “¡Castígame!”.

En 1958 con Antonio Garisa y Mary Begoña estrena “El festival del beso”. Al año siguiente es el empresario Ramón Clemente quien la contrata para estrenar “¡A vivir del cuento!”, de José Muñoz Román y música de Faixa y Fernando Moraleda, con la estrella Salomé de Marcos, en el madrileño Teatro Alcázar.

En el teatro Cómico interpreta la obra “Un par de alas” con Maruja Tomás y Antonio Medio, cambiando en esta ocasión de registro.

En el año 1965 pasa a formar parte como primera actriz de la compañía de revistas de Tomas Zori y Fernando Santos. Siempre estrenando en el Teatro Alcázar. Títulos como “El guardia y el taxista” (1966), “Adán y Eva” (1967), “Los Tunantes” (1969) con la incorporación en la compañía del actor Manolo Codeso y su mujer, la vedette Milagros Ponty (Mili Ponty). Con la llegada de la década de los setenta prueba suerte en el mundo de las salas de fiestas. En el año 72 interviene en “¿Quién teme al lobo feroz?” en King-Boite Teatro de Madrid.

Regresa a la revista con los chicos “Zori y Santos” que se habían asociado con Lina Morgan, como actriz y empresaria, en el espectáculo “¡Un, dos, tres cásate otra vez!” estrenada el 22 de Diciembre de 1972 en el valenciano teatro Ruzafa. Luego, una temporada de éxito en el madrileño Teatro Alcázar. Al año siguiente y con esta misma formación estrena “El cuento de la lechera”. Todos los espectáculos que estrenaban “los chicos” estaban firmados por Fernando Baz (el hermano de Fernando Santos, que firmaba con el apellido paterno) y el maestro Fernando García Morcillo.

Lina Morgan había abandonado la compañía por compromisos cinematográficos, la sustituye Esperanza Roy, con ellos estrena “La señora es el señor”.

Desde 1975 es contratada como primera actriz de carácter en la compañía de revistas de Lina Morgan. Con la genial cómica había trabajado en anteriores trabajos con Matías Colsada siendo aun una desconocida vicetiple. A Lina le había gustado muchísimo la manera tan elegante de vestir, de actuar y de decir las cosas, cuando ambas estaban trabajando juntas con Zori y Santos.

Fueron quince años de triunfos. La madre perfecta de Lina Morgan".

Amelia Aparicio en el olimpo de las plateas españolas

Amigos de la revista musical española. Buceando por la web he encontrado más infromación sobre nuestra desaparecida y queridísima Amelia Aparicio. Os dejo con un artículo publicado por Antonio Castro el 10 de junio de este año en MADRIDIARIO.ES sobre ella. Espero que os guste y nos sirva también para rendirle un pequeño pero más que merecido homenaje.

"Ni un nombre. El padre era Manuel Otero. La madre, Amelia Aparicio y había desaparecido unos meses antes. La actriz Amelia Aparicio llevaba más de veinte años retirada de los escenarios, tras haber participado en los grandes éxitos de Lina Morgan. Fue una eficaz “característica” capaz de aguantar la arrolladora personalidad de Lina sobre las tablas. Juntas representaron “Pura Metalúrgica”, “La Marina de llama” y, sobre todo, “Vaya par de gemelas”, el gran acontecimiento de taquilla desde su estreno en 1981 y record de espectadores en cada pase por televisión. Dando vida a la madre de la desdoblada Lina, Amelia debía aguantar el tipo con todas las ocurrencias de la popular actriz madrileña. Su presencia en el teatro madrileño comenzó a ser regular en los años cincuenta, tanto en la revista como en la comedia humorística. Debutó junto a un juvenil Ismael Merlo. Pero fue en el género frívolo donde tuvo mayor hueco, siempre por detrás de las vedettes. Ella fue un eficaz soporte de cuantas estrellas tuvo a su lado: Pepe Bárcenas, Garisa, Zori y Santos, Maruja Boldoba o Godá. Sin embargo el cine la ignoró y apenas figura en media docena de títulos. Se casó con el barítono Manuel Otero, durante algunos años figura estable en la compañía del teatro Ruzafa valenciano, con la que estrenó “Golondrina de Madrid” (1944), en el Calderón. Con su esposa, y con Raquel Daina como estrella, hizo después algunas revistas: “A lo tonto, a lo tonto” (1955), “¡Ay que loca!” (1957), con Gracia Imperio. Como en otros casos, Amelia Aparicio recuperó notoriedad tras el triunfo musical de su hijo, Manolo Otero. El año 1974 consiguió un gran éxito con el tema “Todo el tiempo del mundo”. Tras él, intentó alguna aventura escénica, como el musical “Sugar”, junto al astro mexicano Enrique Guzmán. También aprovechó el momento, y su físico, para rodar alguna película de “destape”. Pero su fama en España se eclipsó con bastante rapidez. Su madre siguió apareciendo en los escenarios junto a Lina Morgan. “Sí al amor” (1986) y “El último tranvía” (1990) fueron sus últimos trabajos grabados, como otras producciones de Lina, para televisión. Después se retiró definitivamente y se marchó a Brasil a vivir con su hijo Manuel, fallecido el 1 de junio último.
En la foto vemos a la actriz desaparecida en una fiesta particular el año 1985. Junto a ella la vedette Anne Marie Rossier –hermana “gemela” de Lina Morgan- y el actor Berto Navarro [en realidad no es Berto Navarro sino otro actor, por lo que el periodista Antonio Castro se ha equivocado]. Todos triunfaban en el teatro de La Latina en la compañía de Lina. Amelia y Anne Marie fueron compañeras durante más de veinte años, desde que coincidieron en el teatro Alcázar en la compañía de Zori y Santos.
Amelia Aparicio nació en Cuenca en febrero de 1921 y falleció en Sao Paulo (Brasil) en diciembre de 2010".

viernes, 12 de septiembre de 2008

Tania Doris, la última gran estrella del género frívolo (II)


Continuando, amigos de la revista con el perfil de esta gran vedette española, aquí os dejo un bonito artículo aparecido en el diario El País el 26 de noviembre de 1980 con la autoría de José Miguel Ullán quien nos habla a propósito del estreno de la revista La dulce viuda en el Teatro La Latina de Madrid:

"En el teatro madrileño de La Latina acaba de reaparecer Tania Doris como protagonista de la revista cómica titulada La dulce viuda, original de Jiménez y García, con música de DoIz, Soto y Lobato. Junto a la estrella principal, «la belleza europea», descuellan dos actores cómicos: Luis Cuenca y Eugenia Roca. La obra, en la que se intercalan sin ton ni son diversos números musicales, posee todos los trucos a la vieja usanza para desencadenar las carcajadas del respetable sin reparos.Desenvuelta, ubérrima y con gancho, Tania Doris se come de un plumazo a todo el que se asoma al escenario. Un optimista diría que es la penúltima estrella española de la agonizante revista musical. Un pesimista sabe que ni torres más altas ni más sabrosas brevas volverán a caer. Las alegres chicas de Colsada, confusas y nerviosas, aletean ante esos signos tan carnales de milagro postrero y verdadero. Los azorados espectadores buscan ansiosamente sombra en los secretos evidentes, interrogantes, poderosos e ingenuos de la amazona valenciana.
Ella, que conoce los balcones del mundo fantasmal, aparenta dejarse querer con perezosa rebelión. Pero, como Luis Cuenca va a saber en hueso propio, media un abismo del tacto al acto. Estrafalario y persuasivo, Luis Cuenca es en la vida irreal Silvino Capa Ranas, personale que, antes de caer enfermo, trabajaba en una fábrica de macarrones. Era el encargado de meterse por los agujeros para limpiarlos. Y ahora es solicitado para marido ficticio de Doris, bastante encandilada por el hecho de que una eminente doctora le asegura que el maltrecho Silvino guarda como oro en pano un formidable macarrón.
La hermana de Silvino, Mariana (Eugenia Roca), arlimará el movido desarrollo de ese enredo. Y empieza por cantar con otro acento: «Yo me pongo en los árboles / cuando escucho los pájaros, /sobre todo los miércoles». El espectador que corea mejor recibe este homenaje: «¡Un aplauso para el pájaro del señor! ».
Hay intrigas de los años veinte, alusiones actuales, decorados delirantes, números musicales con corsarios de tebeo y estruendo de naufragio permanente. Hay persecuciones, boda por lo alto y por lo bajo, chistes terribles, verde chamusquina y octogenario burriqueo. Luis uenca mantiene el peso del pasado sobre sus frágiles hombros. Es un actor cómico como la copa de un pino. Tania Doris, lista y generosa, le deja la oportunidad de lucirse. Y otro tanto le permite a Eugenia Roca, que saca carcajadas húmedas hasta del desierto. Tania Doris se regocija con lo que oye; baila y canta; sabe poner los dientes largos. Dulcemente, se entrena para ser viuda alegre. Y, al final, cuando decide pasar del tacto al acto, lo logra doblemente.
Resurrecto y virgen, Luis Cuenca se despide con unos versos: «La revista se termina / y también termino yo. / Que tardéis mucho en morir. / Adiós, amigos, adiós». En esa despedida se resume el aroma de La dulce viuda, una candorosa picardía que vale la pena ver. Estrechos, abstenerse".

sábado, 19 de julio de 2008

Cómicos y galanes (y XXVIII): Zori, Santos y Codeso


Uno de los tríos cómicos más populares y que mayores éxitos cosecharon en el panorama revisteril de su época. Esta sociedad funcionó durante algo más de veinte años hasta que en 1963 Manolo Codeso decidiera formar su propia compañía, dejando al dúo Zori y Santos dedicándose exclusivamente al género frívolo.
El trío estaba formado por Fernando Santos, que era el mayor de los tres. Nacido en Salamanca en 1923, fue un cómico de raza, de aquellos que empezaban en el mundo artístico desde edad muy temprana actuando en papeles insignificantes. Él lo comenzó haciendo en 1940, en una compañía juvenil de zarzuelas en la que percibía quince pesetas diarias junto a otros principiantes, posteriormente muy conocidos también dentro del género revisteril como Rubén García, Paquito Cano o Pedro Peña. En 1943 pasó a la compañía de Mariano Madrid donde conoció a Tomás Zori y Manolo Codeso, los otros dos integrantes de este particular y exitoso trío de cómicos.
Tomás Zori nació en 1925 en el Puente de Vallecas, en Madrid. Hijo de un albañil, desde pequeño sintió una especial atracción por el mundo escénico. Conoció a Manuel Codeso, oriundo de Cádiz, ciudad en la que vino al mundo en el año 26, en la compañía de Mariano Madrid, quien le contrató para actuar en diversos espectáculos y obras que llevaba en su repertorio; pero no sería hasta 1947 cuando el maestro Guerrero los contratase para actuar en la humorada cómico-lírica original de Paradas y Jiménez La blanca doble en el madrileño Teatro La Latina. Allí actuaron junto a Mary Campos, Pilarín Bravo, Carmen Martín o Isabelita de la Vega, haciendo de mencionada obra un auténtico “boom” teatral para la época. Aclamada, criticada, perseguida, censurada, prohibida... La blanca doble fue uno de esos acontecimientos teatrales que no se olvidan fácilmente. La crítica llegó a decir de ella: “El libro tiene salero, mucho salero, en diálogo y en sus situaciones, en lo que dice y en lo que sugiere, perfectamente encuadrado en el movimiento escénico: las mismas cortinas que facilitan el cambio de lugar de la acción, quedan dentro de este encuadre por la presencia ante ella de personajes o números que, con el argumento, por continuidad o referencia se relacionan. La música es garbosa, alegre, con esa alegría comunicativa de sabor popular que tarareamos inconscientemente, con el ánimo despejado, abierto al retozo. ¿No es ésa la música que corresponde a una pieza de este corte? Pero hay en ella algo más: facilidad melódica marca Jacinto Guerrero. [...] Los escenarios tienen color y buen tono; tono de revista que le va a la acción y al ambiente muy bien. El vestuario de las vedettes y señoritas de conjunto responde, dentro de su variedad, a ese sentido de lo que debe ser para que realce los encantos femeninos. [...] Tiene cuadros, alguno como el titulado “Encaje de bolillos”, de tres planos, que es sencillamente primoroso. Éste, como todos los demás, justos en medida y tiempo para que dejen en el espectador ganas de verlos otra vez. [...] Es una humorada cómico-lírica, con libro de comedia y excelencias de revista, retozo del oído y de los ojos, que nos clava en la butaca insensibles al tiempo que pasa y, por su amenidad, nos sabe a poco”.[1]
Efectivamente, La blanca doble tenía una extraordinaria partitura cuyos números comenzaron a hacerse tremendamente populares a través de la radio. Geniales estaban este trío de cómicos en el vals de “Los texanos” o las bulerías del “¡Ay, qué tío!” con su tarareado estribillo: “¡Ay, qué tío, ay, qué tío, qué puyazo le ha metío!”. El argumento de esta revista era bien sencillo: Lozoya trabaja con su mujer Blanca en la lencería que ésta posee en Madrid. Ambos forman un matrimonio muy particular puesto que aquélla domina en demasía a su marido y él, obedece y calla. Lo que no sabe Blanca es que Lozoya está enamorado de una clienta, Blanquita, a la que no cesa de cortejar continuamente. Para poder quedar a solas con ella, le dice a su mujer que va a acudir al funeral de un amigo suyo, Peláez, algo que, aunque irrita a Blanca, no puede dejar de aceptar. Sin embargo, la trama se complica cuando Blanca envía una corona de flores a Peláez, el supuesto difunto, que aparece más vivo que muerto indignado por la tropelía que ha cometido el que creyera su mejor amigo. Así las cosas, Peláez descubre la aventura que Lozoya tiene con Blanquita y, junto a la mujer de aquél, parten al encuentro de los amantes dispuestos a desenmascararlos. Al descubrirse el enredo, Blanca abandona a su marido y éste se fuga con Blanquita. Como Lozoya no dispone de dinero al quitárselo su mujer, se introduce en el teatro como artista de variedades, pero para Blanquita es demasiado poco ya que una mujer tan superficial como ella necesita que los hombres la colmen de caprichos y Lozoya no puede costeárselos, por lo que lo abandona y se fuga con su amigo Peláez. Finalmente, todo se resolverá a favor de Lozoya cuando, arrepentido, vuelva al lado de la única mujer que verdaderamente lo quiere: Blanca.
Tras el éxito sin igual que supuso La blanca doble, el trío de cómicos comenzó una fulgurante carrera artística en colaboración. Juntos aparecieron en infinidad de títulos inolvidables dentro del género como Los babilonios (1949), Pescando millones (1950), Tres gotas nada más (1950), Oriente... y accidente (1951), Metidos en harina (1953) otro de sus grandísimos éxitos, Tres caballeros (1954), Una cana al aire (1954), Lo que quiera mi papá o ¡Vivan los novios! (1958), Tres eran tres los novios de Elena (1961), que supone el punto de inflexión en el grupo con la marcha de uno de sus integrantes, Manolo Codeso, a causa de un asunto de rivalidades femeninas entre las dos vedettes protagonistas de la revista, Queta Claver y Milagros Ponti.
Pero Manolo Codeso decidió separarse del grupo y formar su propia compañía. No sería hasta 1967 cuando el trío volviese a reunirse de nuevo en una reposición de Metidos en harina, pieza que volverían a reponer en 1991, siendo ésta la última ocasión en que actuarían juntos.
Por su parte, tras la separación de Codeso, Zori y Santos continuaron en el género revisteril hasta 1977 aproximadamente, género que abandonarían momentáneamente para dedicarse a la comedia. Los dos incluirían en sus espectáculos a las grandes vedettes del momento como Celia Gámez, con la que trabajaron en El último de Filipinas (1971), Queta Claver, Esperanza Roy, Mª José Cantudo, Lina Morgan... Entre los títulos que estrenaron destacan: Operación millón (1962), Antón Pirulero (1962), Me lo dijo Adela (1963), El marido de mi mujer (1964), El guardia y el taxista (1965), A Alemania me voy (1967), Trabaja pero seguro (1967), Los tunantes (1968), Esto tiene truco (1970), Un, dos, tres, cásate otra vez (1972), La señora es el señor (1974), El cuento de la lechera (1974), Todo el monte es orégano (1978), etc.
Fernando Santos falleció en 1993 ; posteriormente lo harían Tomás Zori (2002) y Manolo Codeso (2005). Con ellos, la revista musical española desapareció definitivamente del panorama escénico español.
[1] Vid. Crítica en el libreto explicativo del CD El sobre verde. La blanca doble, Barcelona, Blue Moon, “Serie Lírica”, 2000.

jueves, 17 de julio de 2008

Cómicos y galanes (XXI): Juanito Navarro


Nacido en 1928, este popular actor se ha dedicado, fundamentalmente al género de la comedia y de la revista estrenando multitud de títulos. En 1945 realiza el meritoriaje durante seis meses en el Teatro Español, permaneciendo en él hasta completar la temporada y toma parte en producciones como Don Juan Tenorio, La dama duende o El sueño de una noche de verano. En 1946 ingresa en la Compañía de Comedias de Mariano Azaña y Mª Luisa Moneró, como galán cómico. Posteriormente se incorpora a la de Josita Hernán y Antonio Casal alcanzando notable éxito en obras de autores españoles y extranjeros como La tonta del bote o Pigmalión. Entre 1947-1949 estrena, junto a Pepe Orjas y Antonio Riquelme la exitosísima y legendaria La blanca doble en Barcelona donde ofrecen más de seiscientas representaciones seguidas a teatro lleno. En 1950 estrena El año pasado sin agua y Los babilonios, en la compañía titular del Teatro La Latina donde permanecerá dos años. Entre 1952 y 1957 pasa a la Compañía del Maestro Cabrera como Primer Actor y Director durante cinco años. Entre 1958 y 1959 ingresa en la compañía del Teatro Martín y representa Doña Mariquita de mi corazón, Un paleto en Nueva York, Cásate con una ingenua y otras tantas revistas. En el lustro que va desde 1960 a 1965, forma compañía de comedias propia actuando en el Teatro de la Comedia durante seis meses y en el Teatro Reina Victoria otros seis poniendo en escena obras como La venganza de don Mendo, ¿Quién me compra un lío?, Cornejo tiene un complejo, Don Armando Gresca, Cuñada viene de cuña, etc. A partir de 1966 interviene en la Compañía de Tony Leblanc con la revista Todos contra todos y forma pareja artística con la inigualable Lina Morgan en la Compañía de Colsada. Forma, además nueva compañía de revistas y presenta en Madrid a Bibí Andersen y al personaje de Doña Croqueta. En la temporada 1982-1983 monta la revista La chispa de la vida y contrata a María Isbert para el papel de Doña Croqueta, a Tania Ballester como Primera vedette y a Ángel Luis Yusta de Primer galán cómico, recorriendo España durante casi dos años. Interpreta la comedia musical La vida comienza cada mañana de Garinei y vuelve a formar compañía con Antonio Ozores durante tres años más montando varias revistas y comedias musicales y alcanzando con todas ellas un gran éxito de público. Representa ya en la década de los noventa un nuevo y exitoso montaje de La corte de faraón y El asombro de Damasco. Desde entonces, interviene en diversas comedias y forma compañía con Quique Camoiras. En la actualidad representa la revista El Cirilo y Doña Paca, ¡¡¡Vaya traca!!!, junto a Miguel Caiceo.