¡VIVA LA REVISTA!

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martes, 9 de noviembre de 2010

60 años de... Tres gotas nada más (y III)

La obra tuvo la coregrafía de los maestros Monra y Aguilar, los figurines de Viñas, los decorados de López Sevilla y la dirección musical de Alonso Pavón. Muchos de sus números musicales fueron repetidos y ovacionados insistentemente, especialmente las coplillas, el bolero que da título a la obra o el de “Los velones de Lucena”, quizás el más bonito de toda la partitura.
El enorme éxito cosechado por Tres gotas nada más en La Latina, hizo que, al día siguiente de su estreno, el crítico Alfredo Marqueríe afirmase en su columna habitual del diario ABC:
[...] El asunto no encierra originalidad notoria, un pretexto con chistes y situaciones festivas para que los intérpretes, desde una perfumería madrileña donde se lanza la esencia de moda capaz de turbar la sensibilidad femenina y si la dosis resulta excesiva, convertir a los hombres en sacacorchos, se trasladan a esos países disparatados de las revistas donde la moneda es internacional porque se confunden “dracmas” y“piastras”. Esta animación viajera permite a los autores presentar, como es obligado, los más diversos cuadros apoyados en el fox, el bolero, en la tarantela, en la barcarola, en el chotis, en el pasodoble... y en las letrillas, que en este caso, son las de “Yo lo vi”, que la gente tararea a la salida del teatro, repite al día siguiente, se divulgan en los discos y en la radio, como antes en las orquestas de los ciegos, y confieren el don de la máxima popularidad.

60 años de... Tres gotas nada más (II)

Ya en el segundo acto, nos encontramos a nuestros protagonistas en un puerto del Mar Jónico y con difefentes personalidades, fruto de las circunstancias; así pues, Tristán se hace pasar por Spaguetti, un viejo lobo de mar que pretende adueñarse del barco de Rajawais y secuestrar a Palmira; Domingo se hace llamar Milotis, un cocinero que trabaja para ganarse la vida mientras que Celestino y Purita son empleados en diferentes oficios y todo ello motivado porque la noche del secuestro de Palmira en Génova le robaron la cartera a Domingo, por lo que tuvieron que emplearse en diversos oficios. Una vez descubiertas sus diferentes personalidades y, tras una serie de cómicas peripecias motivadas por el perfume “Tres gotas nada más”, Palmira consigue finalmente hacerse con la parte de la herencia que le correspondía más la parte correspondiente a Rajawais quien ha mantenido engañados a todos para que, junto a un multimillonario argentino, del que verdaderamente estaba enamorada, ya que su difunto la engañaba con una exótica india,
poderse refugiar:
Cuando una mujer presume
y a tu amor muy rebelde está
tú recurres al perfume
y tendrás un triunfo total.
Tres gotas nada más
es el perfume más excitante.
Tres gotas nada más
para conquistas es lo bastante.
Tres gotas nada más
y lograrás un éxito imponente.
Tres gotas nada más
y sólo esto es suficiente.
Le aconsejo que no abuse
ni la dosis quiera aumentar
porque si se va la mano
puede usted quizá fracasar.

60 años de... Tres gotas nada más (I)

Tres gotas nada más, fue una divertidísima revista con más de doscientas representaciones seguidas en La Latina, obra de Enrique Paradas, Joaquín Jiménez y música del maestro Guerrero e interpretada por el trío Zorí-Santos-Codeso y las bellezas de la época: Mary Campos,
Marisol Clemens y Carmen Martín en números como el pasodoble de “Las atracadoras”, los cuplés del “Yo lo vi” o el chotis “¡Quiero que me llamen guapa!”, interpretado con un gracejo singular por parte de Mary Campos y sus chicas de conjunto.
Su argumento posee todos los ingredientes del sainete arrevistado que tan buenos resultados tanto de crítica como de público va a obtener en esta década: en una perfumería selecta de la Gran Vía de Madrid se dan cita Tristán Lapena y Domingo Risueño, amigos y socios de mencionado establecimiento que tuvieron la fortuna de herdarlo tras fallecer su antiguo propietario. Junto a ellos también trabajan Celestino y una encantadora dependienta, Purita, por la que aquél bebe los vientos.
Domingo ha inventado un perfume, el mismo que da título a la obra, que posee la capacidad de que, aquel que se ponga tres gotas del mismo, conquiste a la persona amada.
El enredo comienza cuando una bella cantante de Pasapoga, Palmira Miraquebien, enviuda de su marido y le deja, en herencia, la mitad de su pesquería de perlas en un rincón de Ceilán, al otro lado prácticamente del mundo. Tanto Domingo como Tristán la consuelan, cada uno a su manera e independientemente; lo que ninguno de ellos conoce es que la mujer sale con los dos a escondidas y les hace idéntica proposición: acompañarla a Ceylán para cobrar la herencia de su difunto. Una herencia que vale... millones, aunque, eso sí, necesitan diez mil duros para el pasaje, algo que ella no les puede costear. Precisamente y, para poder obtener mencionado dinero sin que, cada uno por su parte, se entere, tanto Domingo como Tristán idean un plan por separado; si bien este último decide atracar, vestido de ladrón, la caja de la perfumería y llevarse mencionado dinero. Por su parte, Domingo hace lo propio de tal forma que, cuando llega Tristán afirme que ha sido el ladrón quien se ha llevado nada más y nada menos que veinte mil duros. Cuando ambos descubren el plan del otro, se juran venganza y apoderarse del cariño de Palmira. El destino hace que el trasatlántico en el que todos viajan naufraguen y lleguen a hospedarse a un hotel de Génova. Allí, un multimillonario cingalés, Rajawais, se ha fijado en Palmira y quiere
secuestrarla a toda costa; pero es que, además, Rajawais fue socio del difunto marido de Palmira y desconoce que aquélla va a reclamar la parte de herencia que le corresponde. Así pues, en una fiesta celebrada en el hotel, Rajawais rapta a Palmira.

sábado, 22 de mayo de 2010

Aquellas inolvidables revistas... (XX): La Blanca doble (1947)

La Blanca doble es una revista musical en dos actos, con libreto de Enrique Paradas y Joaquín Jiménez y música del maestro Jacinto Guerrero, estrenada en el Teatro La Latina de Madrid el 5 de abril de 1947.
Acto 1:
Blanca y Perico Lozoya son un matrimonio que regenta una tienda de lencería. Junto a ellos vive el sobrino de ella, Melitón quien, a su vez, coquetea con Cristeta, la sirvienta de una de las clientas llamada Blanquita que se dedica al mundo del espectáculo. Ésta última, deseada por Perico y ávida de la fortuna familiar, lo invita a pasar una noche en su casa, indicándole que la señal para el acceso será una luz verde en la ventana, indicio que Velilla, su compañero (inventado), ha abandonado la casa. Para acudir a la cita, Perico, aconsejado por su amigo Eleuterio Peláez se excusa ante su mujer, argumentando que aisitirá a un velatorio; concretamente el del propio Peláez. Cuando éste recibe una corona encargada por Blanca, asustado, le revela toda la verdad.
Acto 2:
Perico, al advertir la luz verde en la ventana de Blanquita, sube a la casa. Cristeta y Blanquita, mediante tretas, consiguen robar todo el dinero a Perico. Éste, ingenuo, entra en el dormitorio a la espera de quien cree su nueva amante. Mientras tanto, llega a la escena Blanca quien, a cambio de una buena cantidad, soborna a Blanquita para que la deje entrar en casa e irrumpe en la habitación donde supuestamente yace su marido. Sin embargo, éste se había intercambiado con Peláez que se había adelantado para avisarle. Las sorpresas, por tanto, se suceden, si bien, finalmente todos regresan a casa escarmentados pero felices.
Representaciones destacadas:
Teatro:
1947 (Estreno). Intérpretes: Florinda Chico, Zori, Santos y Codeso, Encarna abad, Pilarín Bravo, Mary Campos.
1955 (Reestreno). Intérpretes: Maruja Tomás, Luis Barbero.
1969 (Restreno). Intérpretes: Lina Morgan, Juanito Navarro.
Televisión:
Televisión española (29 de septiembre de 1995): Loreto Valverde, Francisco Cecilio, Silvia Gambino.

lunes, 3 de mayo de 2010

Aquellas inolvidables revistas... (II): "Metidos en harina"


Metidos en harina (1953), fue un sainete que, con libreto de Manuel Baz y música del maestro García Morcillo fue estrenado el 13 demayo en el Teatro Fuencarral con excelentes números musicales como el baiao “Pay-pay japonés” interpretado por Elisa Vardon, el fox vaquero “¡Qué guapo es mi vaquero!” delque hizo una excelente creación Lolita Garrido, el pasodoble “Muchachita casera”, el baiao“¡Baile el baiao!”, también interpretado por la Garrido o el fox “¡Ay, Leonor” y la célebre canción navarra “La bota”, otro éxito del trío Zorí, Santos y Codeso, convertido, debido al éxito alcanzado, en himno de las fiestas patronales tudelanas:
El vino de Tudela,
según dice mi abuela,
es algo que se cuela,
que se cuela sin querer...
¡La bota!
Venga que me harte de beber...
¡La bota!
Su argumento, con personajes típicamente sainetescos que recogía de la tradición más española, nos trasladaba al interior de un despacho de panadería donde Facundo, tipo apocado y marido de Elvira, se rebela contra los mandatos de su dominante esposa. Por otra parte, el joven Atilano anda en amores con la hija de aquellos, Isabel, pero don Próspero, padrastro del muchacho no ve con buenos ojos la relación entre ambos ya que Atilano debe dedicarse a acabar sus estudios antes de andar detrás de las mujeres. Así, pues, contrata a Paz, una bellísima mujer de vida alegre para hacerle llegar el rumor a Isabel, a través deanónimos, de que Atilano está flirteando con ella y así deshacer la relación de los muchachos. Una vez que Isabel se entera de las supuestas relaciones entre Paz y su novio consigue que su padre lo siga para ver si verdaderamente esos anónimos que está recibiendo son ciertos. Facundo ve entonces una vía para poder sacarle dinero a su mujer y así lo hace; pero cuando Elvira lo descubre pone el grito en el cielo y arremete contra él y contra Atilano, quien se ha presentado en la tahona donde despachan el pan sin conocer laexistencia de los anónimos.
Las cosas comienzan a complicarse cuando Facundo se encuentra en una cafetería con Paz, a la que corteja, y llega don Próspero. Para disimular, Paz presenta a su acompañente como su tío Jeromo. Don Próspero le entrega entonces catorce mil pesetas como pago del engaño y Facundo, extrañado, no pone, evidentemente, ninguna objeción a tan suculento pastel poniendo en evidencia las verdaderas intenciones de don Próspero: resulta que éste se casó con doña Clotilde, una mujer viuda, rica y fea que, al morir, dejó en usufructo todo su dinero a aquél hasta que su hijo, Atilano, se casara, de ahí su negativa al noviazgo con Isabel.
Napoleón, taxista, secretario y a su vez amigo de don Próspero le entera de que ha
visto a Atilano flirtear con Paz y que no conoce a ningún pariente vivo de la chica. Pero, de repente se presenta el verdadero tío de Paz ante don Próspero reclamando que ella se case. Aquél entonces lo confunde con el panadero, Facundo, y cree que es a Isabel a la que tiene que casar con su hijastro, por lo que, aparentemente y, gracias al bastón de Jeromo, don Próspero accede a la boda de los jóvenes. Atilano entonces, para darle celos a su novia, se hace fotografiar en una verbena comiendo churros con Paz aunque el enredo alcanza cotas de difícil resolución cuando don Próspero conoce a Elvira, con quien estuvo a punto de contraer matrimonio y a la que toma por madre de Paz.
Finalmente las cosas se aclararán y todo volverá a su cauce: Atilano se casará con Isabel y ésta, siguiendo el ejemplo de su madre, ordena y manda a su pobre marido quien, junto a su suegro Facundo y su padrastro don Próspero se ven los tres trabajando en la panadería y metidos en harina mientras Isabel y Elvira los controlan poniendo así fin a las aventuras de esta singular panadería con un espectacular apoteosis:
Cuando el Carnaval termina
se levanta el antifaz
y todo lo que se quiera
en un momento se hace verdad.
La función ya ha terminado,
a bajarse va el telón.
Todos los de la revista
quieren decirles:
“¡Adiós, adiós!”

sábado, 19 de julio de 2008

Cómicos y galanes (y XXVIII): Zori, Santos y Codeso


Uno de los tríos cómicos más populares y que mayores éxitos cosecharon en el panorama revisteril de su época. Esta sociedad funcionó durante algo más de veinte años hasta que en 1963 Manolo Codeso decidiera formar su propia compañía, dejando al dúo Zori y Santos dedicándose exclusivamente al género frívolo.
El trío estaba formado por Fernando Santos, que era el mayor de los tres. Nacido en Salamanca en 1923, fue un cómico de raza, de aquellos que empezaban en el mundo artístico desde edad muy temprana actuando en papeles insignificantes. Él lo comenzó haciendo en 1940, en una compañía juvenil de zarzuelas en la que percibía quince pesetas diarias junto a otros principiantes, posteriormente muy conocidos también dentro del género revisteril como Rubén García, Paquito Cano o Pedro Peña. En 1943 pasó a la compañía de Mariano Madrid donde conoció a Tomás Zori y Manolo Codeso, los otros dos integrantes de este particular y exitoso trío de cómicos.
Tomás Zori nació en 1925 en el Puente de Vallecas, en Madrid. Hijo de un albañil, desde pequeño sintió una especial atracción por el mundo escénico. Conoció a Manuel Codeso, oriundo de Cádiz, ciudad en la que vino al mundo en el año 26, en la compañía de Mariano Madrid, quien le contrató para actuar en diversos espectáculos y obras que llevaba en su repertorio; pero no sería hasta 1947 cuando el maestro Guerrero los contratase para actuar en la humorada cómico-lírica original de Paradas y Jiménez La blanca doble en el madrileño Teatro La Latina. Allí actuaron junto a Mary Campos, Pilarín Bravo, Carmen Martín o Isabelita de la Vega, haciendo de mencionada obra un auténtico “boom” teatral para la época. Aclamada, criticada, perseguida, censurada, prohibida... La blanca doble fue uno de esos acontecimientos teatrales que no se olvidan fácilmente. La crítica llegó a decir de ella: “El libro tiene salero, mucho salero, en diálogo y en sus situaciones, en lo que dice y en lo que sugiere, perfectamente encuadrado en el movimiento escénico: las mismas cortinas que facilitan el cambio de lugar de la acción, quedan dentro de este encuadre por la presencia ante ella de personajes o números que, con el argumento, por continuidad o referencia se relacionan. La música es garbosa, alegre, con esa alegría comunicativa de sabor popular que tarareamos inconscientemente, con el ánimo despejado, abierto al retozo. ¿No es ésa la música que corresponde a una pieza de este corte? Pero hay en ella algo más: facilidad melódica marca Jacinto Guerrero. [...] Los escenarios tienen color y buen tono; tono de revista que le va a la acción y al ambiente muy bien. El vestuario de las vedettes y señoritas de conjunto responde, dentro de su variedad, a ese sentido de lo que debe ser para que realce los encantos femeninos. [...] Tiene cuadros, alguno como el titulado “Encaje de bolillos”, de tres planos, que es sencillamente primoroso. Éste, como todos los demás, justos en medida y tiempo para que dejen en el espectador ganas de verlos otra vez. [...] Es una humorada cómico-lírica, con libro de comedia y excelencias de revista, retozo del oído y de los ojos, que nos clava en la butaca insensibles al tiempo que pasa y, por su amenidad, nos sabe a poco”.[1]
Efectivamente, La blanca doble tenía una extraordinaria partitura cuyos números comenzaron a hacerse tremendamente populares a través de la radio. Geniales estaban este trío de cómicos en el vals de “Los texanos” o las bulerías del “¡Ay, qué tío!” con su tarareado estribillo: “¡Ay, qué tío, ay, qué tío, qué puyazo le ha metío!”. El argumento de esta revista era bien sencillo: Lozoya trabaja con su mujer Blanca en la lencería que ésta posee en Madrid. Ambos forman un matrimonio muy particular puesto que aquélla domina en demasía a su marido y él, obedece y calla. Lo que no sabe Blanca es que Lozoya está enamorado de una clienta, Blanquita, a la que no cesa de cortejar continuamente. Para poder quedar a solas con ella, le dice a su mujer que va a acudir al funeral de un amigo suyo, Peláez, algo que, aunque irrita a Blanca, no puede dejar de aceptar. Sin embargo, la trama se complica cuando Blanca envía una corona de flores a Peláez, el supuesto difunto, que aparece más vivo que muerto indignado por la tropelía que ha cometido el que creyera su mejor amigo. Así las cosas, Peláez descubre la aventura que Lozoya tiene con Blanquita y, junto a la mujer de aquél, parten al encuentro de los amantes dispuestos a desenmascararlos. Al descubrirse el enredo, Blanca abandona a su marido y éste se fuga con Blanquita. Como Lozoya no dispone de dinero al quitárselo su mujer, se introduce en el teatro como artista de variedades, pero para Blanquita es demasiado poco ya que una mujer tan superficial como ella necesita que los hombres la colmen de caprichos y Lozoya no puede costeárselos, por lo que lo abandona y se fuga con su amigo Peláez. Finalmente, todo se resolverá a favor de Lozoya cuando, arrepentido, vuelva al lado de la única mujer que verdaderamente lo quiere: Blanca.
Tras el éxito sin igual que supuso La blanca doble, el trío de cómicos comenzó una fulgurante carrera artística en colaboración. Juntos aparecieron en infinidad de títulos inolvidables dentro del género como Los babilonios (1949), Pescando millones (1950), Tres gotas nada más (1950), Oriente... y accidente (1951), Metidos en harina (1953) otro de sus grandísimos éxitos, Tres caballeros (1954), Una cana al aire (1954), Lo que quiera mi papá o ¡Vivan los novios! (1958), Tres eran tres los novios de Elena (1961), que supone el punto de inflexión en el grupo con la marcha de uno de sus integrantes, Manolo Codeso, a causa de un asunto de rivalidades femeninas entre las dos vedettes protagonistas de la revista, Queta Claver y Milagros Ponti.
Pero Manolo Codeso decidió separarse del grupo y formar su propia compañía. No sería hasta 1967 cuando el trío volviese a reunirse de nuevo en una reposición de Metidos en harina, pieza que volverían a reponer en 1991, siendo ésta la última ocasión en que actuarían juntos.
Por su parte, tras la separación de Codeso, Zori y Santos continuaron en el género revisteril hasta 1977 aproximadamente, género que abandonarían momentáneamente para dedicarse a la comedia. Los dos incluirían en sus espectáculos a las grandes vedettes del momento como Celia Gámez, con la que trabajaron en El último de Filipinas (1971), Queta Claver, Esperanza Roy, Mª José Cantudo, Lina Morgan... Entre los títulos que estrenaron destacan: Operación millón (1962), Antón Pirulero (1962), Me lo dijo Adela (1963), El marido de mi mujer (1964), El guardia y el taxista (1965), A Alemania me voy (1967), Trabaja pero seguro (1967), Los tunantes (1968), Esto tiene truco (1970), Un, dos, tres, cásate otra vez (1972), La señora es el señor (1974), El cuento de la lechera (1974), Todo el monte es orégano (1978), etc.
Fernando Santos falleció en 1993 ; posteriormente lo harían Tomás Zori (2002) y Manolo Codeso (2005). Con ellos, la revista musical española desapareció definitivamente del panorama escénico español.
[1] Vid. Crítica en el libreto explicativo del CD El sobre verde. La blanca doble, Barcelona, Blue Moon, “Serie Lírica”, 2000.