¡VIVA LA REVISTA!

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miércoles, 17 de abril de 2013

"Los Chicos" y LA BLANCA DOBLE (IV)

Pero, ¿a qué se debió el descomunal éxito de La Blanca doble? Pudieran ser a sus pegadizas melodías, populares y simples efectuadas con un regusto castizo muy bien trabajado por el maestro Guerrero, o por los actores que la estrenaron (Tomás Zorí, Fernando Santos, Manolo Codeso, Mary Campos, Isabelita de la Vega, Pilarín Bravo, Encarna Abad) o incluso por su argumento, aunque bien podría ser que todo ello unido provocase la leyenda de esta singular obra.
 
 

En ella, además, intervenía una jovencita Florinda Chico como vicetiple quien, en el número de “Las bomboneras” solía repartir bombones a sus familiares, que se encontraban en el patio de butacas, con lo cual, la comida del día ya estaba salvada[1]. Aclamada, criticada, perseguida, censurada, prohibida...
 
La Blanca doble fue uno de esos acontecimientos teatrales que no se olvidan fácilmente. El trío de cómicos que encabezaba su reparto, esto es, Tomás Zorí, Manolo Codeso y Fernando Santos, llegó a saborear las mieles del triunfo siempre que esta obra era representada.



[1] Ibídem, LAGOS, Manuel, pág. 207. Esta misma artista cuenta en sus memorias cómo conoció al maestro Guerrero y entró a formar parte del elenco de La Blanca doble en 1947: “En el bautizo de un sobrino mío conocí al añorado maestro Guerrero. Al verme comentó: “Qué chica tan mona. ¿Es de teatro?” “Ojalá”, dije yo. Se me acercó y me dijo que me presentara en el Teatro de La Latina a las cuatro de la tarde al día siguiente. Alí estaba en el teatro donde se representaba La Blanca doble, cuyos protagonistas eran Zori, Santos y Codeso. El maestro Ramírez me hizo una prueba y me dijo que debutaba a las siete de esa misma tarde. Me ayudaron a maquillarme Mari Loli Cabo, la viuda de Gila, y Manolita Ruiz. Me pusieron casi como un payaso, quizá para ue no triunfara, pero salí y triunfé en dos números: “Las bomboneras” y “Tigresas”. Al día siguiente me citó el maestro Guerrero, quitó a una chica de cada número y me puso a m´en todos ellos”. Vid. PÉREZ MATEOS, op. cit., pág. 66.

sábado, 13 de abril de 2013

¡¡Ya a la venta, la biografía de Zorí, Santos y Codeso!!



Tres nombres. Tres actores. Tres cómicos. Tres puntales básicos en el mundo de la revista española con estilos y caracteres bien diferenciados.
Fernando Santos, salmantino de nacimiento, era la parsimonia hecha escena. Rústico, sentencioso, con un mesurado aplomo que se quebraba nada más abrir la boca para desternillarnos de risa con sus frases y sus mohínes corporales.
Tomás Zorí, madrileño, menudito y vivaracho, de ojos como alfileres y veloz como una batidora, no paraba de moverse durante todo el tiempo que permanecía en escena. Su inconfundible voz, rota por el paso de los años, fue una de sus más certeras señas de identidad
Manolo Codeso, el andaluz del grupo, gaditano, para más señas, fue el eterno jovencito pícaro e ingenuo, de sonrisa contagiosa y característico timbre.
 
 
 
De ellos llegó a decir el propio Orson Welles que no había conocido en el mundo caso igual, pues ni siquiera los míticos Stan Laurel y Oliver Hardy, popularmente conocidos como “El Gordo y El Flaco”, quienes habían estado trabajando juntos durante diecinueve años, habían podido superar el medio siglo que “Los Chicos” estuvieron juntos encima de un escenario.
Zorí, Santos y Codeso primero, y más tarde Zorí y Santos, fueron toda una institución en la revista española, en el llamado teatro musical frívolo.
Nunca tuvieron pretensiones culturales y nunca lo negaron. Aunque lo suyo fuera una forma de hacer cultura, en una entrevista con el periodista de ABC, Ángel Laborda llegaron a decirle: “En las escuelas siempre hay un tiempo de recreo y a nosotros cuando íbamos a la escuela lo que más nos gustaba era el recreo. Por eso como el teatro es una escuela de cultura, nosotros queremos actuar en el recreo de los espectadores”.
 
 
Lo cierto es que en sus espectáculos jamás recurrieron al mal gusto, ni al chiste chocarrero o sucio. Destacaron por su alto nivel de puesta en escena, por la variedad, el lujo y vistosidad en vestuario y decorados, sin parangón en nuestro país, comparables con los de mayor nivel en Europa. En contra de la opinión generalizada en aquella época sobre el tipo de público al que se dirigían las revistas que se ofrecían en España, ellos montaban las suyas sin nada que ver con aquéllas. En más de una ocasión comentaron que querían que gustasen más a las esposas, para que así ellas llevaran a sus maridos.Gozaron de una gran popularidad. En ocasiones llegaron a tener hasta tres obras diferentes en la cartelera, coincidiendo la representación teatral con dos proyecciones de películas en las salas cinematográficas.
Con la desaparición de Zorí, Santos y Codeso puede llegar a afirmarse que la revista musical española también desapareció con ellos.
Por eso, desde estas líneas, “Métanse con nosotros en harina para ilusionar a los mayores, divertir a los jóvenes, con los chicos de ayer, los hombres de hoy y los actores de siempre”.
 
 
CARACTERÍSTICAS DEL LIBRO:
Título: “Los Chicos”… Metidos en harina. Biografía autorizada de Zorí,
Santos y Codeso.
Autor: Juan José Montijano Ruiz.
Editorial: Círculo Rojo.
Páginas: 540.
Publicación: abril, 2013.
Formato: Libro impreso tamaño 240x170mm, interiores en papel ahuesado  
de 80 gramos (B/N), cubiertas a color brillo 260 gr con solapas y encuadernación fresada.
P.V.P.: 25 euros, gastos de envío NO incluidos.
¡¡No dejéis de haceros con este magnífico ejemplar!! ¡¡El libro de la primavera!!

sábado, 22 de mayo de 2010

Aquellas inolvidables revistas... (XX): La Blanca doble (1947)

La Blanca doble es una revista musical en dos actos, con libreto de Enrique Paradas y Joaquín Jiménez y música del maestro Jacinto Guerrero, estrenada en el Teatro La Latina de Madrid el 5 de abril de 1947.
Acto 1:
Blanca y Perico Lozoya son un matrimonio que regenta una tienda de lencería. Junto a ellos vive el sobrino de ella, Melitón quien, a su vez, coquetea con Cristeta, la sirvienta de una de las clientas llamada Blanquita que se dedica al mundo del espectáculo. Ésta última, deseada por Perico y ávida de la fortuna familiar, lo invita a pasar una noche en su casa, indicándole que la señal para el acceso será una luz verde en la ventana, indicio que Velilla, su compañero (inventado), ha abandonado la casa. Para acudir a la cita, Perico, aconsejado por su amigo Eleuterio Peláez se excusa ante su mujer, argumentando que aisitirá a un velatorio; concretamente el del propio Peláez. Cuando éste recibe una corona encargada por Blanca, asustado, le revela toda la verdad.
Acto 2:
Perico, al advertir la luz verde en la ventana de Blanquita, sube a la casa. Cristeta y Blanquita, mediante tretas, consiguen robar todo el dinero a Perico. Éste, ingenuo, entra en el dormitorio a la espera de quien cree su nueva amante. Mientras tanto, llega a la escena Blanca quien, a cambio de una buena cantidad, soborna a Blanquita para que la deje entrar en casa e irrumpe en la habitación donde supuestamente yace su marido. Sin embargo, éste se había intercambiado con Peláez que se había adelantado para avisarle. Las sorpresas, por tanto, se suceden, si bien, finalmente todos regresan a casa escarmentados pero felices.
Representaciones destacadas:
Teatro:
1947 (Estreno). Intérpretes: Florinda Chico, Zori, Santos y Codeso, Encarna abad, Pilarín Bravo, Mary Campos.
1955 (Reestreno). Intérpretes: Maruja Tomás, Luis Barbero.
1969 (Restreno). Intérpretes: Lina Morgan, Juanito Navarro.
Televisión:
Televisión española (29 de septiembre de 1995): Loreto Valverde, Francisco Cecilio, Silvia Gambino.

lunes, 3 de mayo de 2010

Aquellas inolvidables revistas... (II): "Metidos en harina"


Metidos en harina (1953), fue un sainete que, con libreto de Manuel Baz y música del maestro García Morcillo fue estrenado el 13 demayo en el Teatro Fuencarral con excelentes números musicales como el baiao “Pay-pay japonés” interpretado por Elisa Vardon, el fox vaquero “¡Qué guapo es mi vaquero!” delque hizo una excelente creación Lolita Garrido, el pasodoble “Muchachita casera”, el baiao“¡Baile el baiao!”, también interpretado por la Garrido o el fox “¡Ay, Leonor” y la célebre canción navarra “La bota”, otro éxito del trío Zorí, Santos y Codeso, convertido, debido al éxito alcanzado, en himno de las fiestas patronales tudelanas:
El vino de Tudela,
según dice mi abuela,
es algo que se cuela,
que se cuela sin querer...
¡La bota!
Venga que me harte de beber...
¡La bota!
Su argumento, con personajes típicamente sainetescos que recogía de la tradición más española, nos trasladaba al interior de un despacho de panadería donde Facundo, tipo apocado y marido de Elvira, se rebela contra los mandatos de su dominante esposa. Por otra parte, el joven Atilano anda en amores con la hija de aquellos, Isabel, pero don Próspero, padrastro del muchacho no ve con buenos ojos la relación entre ambos ya que Atilano debe dedicarse a acabar sus estudios antes de andar detrás de las mujeres. Así, pues, contrata a Paz, una bellísima mujer de vida alegre para hacerle llegar el rumor a Isabel, a través deanónimos, de que Atilano está flirteando con ella y así deshacer la relación de los muchachos. Una vez que Isabel se entera de las supuestas relaciones entre Paz y su novio consigue que su padre lo siga para ver si verdaderamente esos anónimos que está recibiendo son ciertos. Facundo ve entonces una vía para poder sacarle dinero a su mujer y así lo hace; pero cuando Elvira lo descubre pone el grito en el cielo y arremete contra él y contra Atilano, quien se ha presentado en la tahona donde despachan el pan sin conocer laexistencia de los anónimos.
Las cosas comienzan a complicarse cuando Facundo se encuentra en una cafetería con Paz, a la que corteja, y llega don Próspero. Para disimular, Paz presenta a su acompañente como su tío Jeromo. Don Próspero le entrega entonces catorce mil pesetas como pago del engaño y Facundo, extrañado, no pone, evidentemente, ninguna objeción a tan suculento pastel poniendo en evidencia las verdaderas intenciones de don Próspero: resulta que éste se casó con doña Clotilde, una mujer viuda, rica y fea que, al morir, dejó en usufructo todo su dinero a aquél hasta que su hijo, Atilano, se casara, de ahí su negativa al noviazgo con Isabel.
Napoleón, taxista, secretario y a su vez amigo de don Próspero le entera de que ha
visto a Atilano flirtear con Paz y que no conoce a ningún pariente vivo de la chica. Pero, de repente se presenta el verdadero tío de Paz ante don Próspero reclamando que ella se case. Aquél entonces lo confunde con el panadero, Facundo, y cree que es a Isabel a la que tiene que casar con su hijastro, por lo que, aparentemente y, gracias al bastón de Jeromo, don Próspero accede a la boda de los jóvenes. Atilano entonces, para darle celos a su novia, se hace fotografiar en una verbena comiendo churros con Paz aunque el enredo alcanza cotas de difícil resolución cuando don Próspero conoce a Elvira, con quien estuvo a punto de contraer matrimonio y a la que toma por madre de Paz.
Finalmente las cosas se aclararán y todo volverá a su cauce: Atilano se casará con Isabel y ésta, siguiendo el ejemplo de su madre, ordena y manda a su pobre marido quien, junto a su suegro Facundo y su padrastro don Próspero se ven los tres trabajando en la panadería y metidos en harina mientras Isabel y Elvira los controlan poniendo así fin a las aventuras de esta singular panadería con un espectacular apoteosis:
Cuando el Carnaval termina
se levanta el antifaz
y todo lo que se quiera
en un momento se hace verdad.
La función ya ha terminado,
a bajarse va el telón.
Todos los de la revista
quieren decirles:
“¡Adiós, adiós!”

sábado, 19 de julio de 2008

Cómicos y galanes (y XXVIII): Zori, Santos y Codeso


Uno de los tríos cómicos más populares y que mayores éxitos cosecharon en el panorama revisteril de su época. Esta sociedad funcionó durante algo más de veinte años hasta que en 1963 Manolo Codeso decidiera formar su propia compañía, dejando al dúo Zori y Santos dedicándose exclusivamente al género frívolo.
El trío estaba formado por Fernando Santos, que era el mayor de los tres. Nacido en Salamanca en 1923, fue un cómico de raza, de aquellos que empezaban en el mundo artístico desde edad muy temprana actuando en papeles insignificantes. Él lo comenzó haciendo en 1940, en una compañía juvenil de zarzuelas en la que percibía quince pesetas diarias junto a otros principiantes, posteriormente muy conocidos también dentro del género revisteril como Rubén García, Paquito Cano o Pedro Peña. En 1943 pasó a la compañía de Mariano Madrid donde conoció a Tomás Zori y Manolo Codeso, los otros dos integrantes de este particular y exitoso trío de cómicos.
Tomás Zori nació en 1925 en el Puente de Vallecas, en Madrid. Hijo de un albañil, desde pequeño sintió una especial atracción por el mundo escénico. Conoció a Manuel Codeso, oriundo de Cádiz, ciudad en la que vino al mundo en el año 26, en la compañía de Mariano Madrid, quien le contrató para actuar en diversos espectáculos y obras que llevaba en su repertorio; pero no sería hasta 1947 cuando el maestro Guerrero los contratase para actuar en la humorada cómico-lírica original de Paradas y Jiménez La blanca doble en el madrileño Teatro La Latina. Allí actuaron junto a Mary Campos, Pilarín Bravo, Carmen Martín o Isabelita de la Vega, haciendo de mencionada obra un auténtico “boom” teatral para la época. Aclamada, criticada, perseguida, censurada, prohibida... La blanca doble fue uno de esos acontecimientos teatrales que no se olvidan fácilmente. La crítica llegó a decir de ella: “El libro tiene salero, mucho salero, en diálogo y en sus situaciones, en lo que dice y en lo que sugiere, perfectamente encuadrado en el movimiento escénico: las mismas cortinas que facilitan el cambio de lugar de la acción, quedan dentro de este encuadre por la presencia ante ella de personajes o números que, con el argumento, por continuidad o referencia se relacionan. La música es garbosa, alegre, con esa alegría comunicativa de sabor popular que tarareamos inconscientemente, con el ánimo despejado, abierto al retozo. ¿No es ésa la música que corresponde a una pieza de este corte? Pero hay en ella algo más: facilidad melódica marca Jacinto Guerrero. [...] Los escenarios tienen color y buen tono; tono de revista que le va a la acción y al ambiente muy bien. El vestuario de las vedettes y señoritas de conjunto responde, dentro de su variedad, a ese sentido de lo que debe ser para que realce los encantos femeninos. [...] Tiene cuadros, alguno como el titulado “Encaje de bolillos”, de tres planos, que es sencillamente primoroso. Éste, como todos los demás, justos en medida y tiempo para que dejen en el espectador ganas de verlos otra vez. [...] Es una humorada cómico-lírica, con libro de comedia y excelencias de revista, retozo del oído y de los ojos, que nos clava en la butaca insensibles al tiempo que pasa y, por su amenidad, nos sabe a poco”.[1]
Efectivamente, La blanca doble tenía una extraordinaria partitura cuyos números comenzaron a hacerse tremendamente populares a través de la radio. Geniales estaban este trío de cómicos en el vals de “Los texanos” o las bulerías del “¡Ay, qué tío!” con su tarareado estribillo: “¡Ay, qué tío, ay, qué tío, qué puyazo le ha metío!”. El argumento de esta revista era bien sencillo: Lozoya trabaja con su mujer Blanca en la lencería que ésta posee en Madrid. Ambos forman un matrimonio muy particular puesto que aquélla domina en demasía a su marido y él, obedece y calla. Lo que no sabe Blanca es que Lozoya está enamorado de una clienta, Blanquita, a la que no cesa de cortejar continuamente. Para poder quedar a solas con ella, le dice a su mujer que va a acudir al funeral de un amigo suyo, Peláez, algo que, aunque irrita a Blanca, no puede dejar de aceptar. Sin embargo, la trama se complica cuando Blanca envía una corona de flores a Peláez, el supuesto difunto, que aparece más vivo que muerto indignado por la tropelía que ha cometido el que creyera su mejor amigo. Así las cosas, Peláez descubre la aventura que Lozoya tiene con Blanquita y, junto a la mujer de aquél, parten al encuentro de los amantes dispuestos a desenmascararlos. Al descubrirse el enredo, Blanca abandona a su marido y éste se fuga con Blanquita. Como Lozoya no dispone de dinero al quitárselo su mujer, se introduce en el teatro como artista de variedades, pero para Blanquita es demasiado poco ya que una mujer tan superficial como ella necesita que los hombres la colmen de caprichos y Lozoya no puede costeárselos, por lo que lo abandona y se fuga con su amigo Peláez. Finalmente, todo se resolverá a favor de Lozoya cuando, arrepentido, vuelva al lado de la única mujer que verdaderamente lo quiere: Blanca.
Tras el éxito sin igual que supuso La blanca doble, el trío de cómicos comenzó una fulgurante carrera artística en colaboración. Juntos aparecieron en infinidad de títulos inolvidables dentro del género como Los babilonios (1949), Pescando millones (1950), Tres gotas nada más (1950), Oriente... y accidente (1951), Metidos en harina (1953) otro de sus grandísimos éxitos, Tres caballeros (1954), Una cana al aire (1954), Lo que quiera mi papá o ¡Vivan los novios! (1958), Tres eran tres los novios de Elena (1961), que supone el punto de inflexión en el grupo con la marcha de uno de sus integrantes, Manolo Codeso, a causa de un asunto de rivalidades femeninas entre las dos vedettes protagonistas de la revista, Queta Claver y Milagros Ponti.
Pero Manolo Codeso decidió separarse del grupo y formar su propia compañía. No sería hasta 1967 cuando el trío volviese a reunirse de nuevo en una reposición de Metidos en harina, pieza que volverían a reponer en 1991, siendo ésta la última ocasión en que actuarían juntos.
Por su parte, tras la separación de Codeso, Zori y Santos continuaron en el género revisteril hasta 1977 aproximadamente, género que abandonarían momentáneamente para dedicarse a la comedia. Los dos incluirían en sus espectáculos a las grandes vedettes del momento como Celia Gámez, con la que trabajaron en El último de Filipinas (1971), Queta Claver, Esperanza Roy, Mª José Cantudo, Lina Morgan... Entre los títulos que estrenaron destacan: Operación millón (1962), Antón Pirulero (1962), Me lo dijo Adela (1963), El marido de mi mujer (1964), El guardia y el taxista (1965), A Alemania me voy (1967), Trabaja pero seguro (1967), Los tunantes (1968), Esto tiene truco (1970), Un, dos, tres, cásate otra vez (1972), La señora es el señor (1974), El cuento de la lechera (1974), Todo el monte es orégano (1978), etc.
Fernando Santos falleció en 1993 ; posteriormente lo harían Tomás Zori (2002) y Manolo Codeso (2005). Con ellos, la revista musical española desapareció definitivamente del panorama escénico español.
[1] Vid. Crítica en el libreto explicativo del CD El sobre verde. La blanca doble, Barcelona, Blue Moon, “Serie Lírica”, 2000.