¡VIVA LA REVISTA!

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sábado, 5 de noviembre de 2011

Un magnate de la revista denominado Matías Colsada (y III)



Llegó a tener doce compañías de revistas con grandes vedettes como Tania Doris, Vera Sanders, Carmen de Lirio, Gracia Imperio, Marisol Clemens, Mary Francia, Mary Santander, Lill Larsson, Trudi Bora, Mari Herminia Díaz, Addy Ventura, Queta Claver, Ingrid Garbo, Lina Canalejas, Lina Morgan, Finita Rufete, Ángela, Vilma, Rosita Tomás, Jacqueline Arnaud, Diana Darvey, Katia Loritz, Vicky Lussón... Propietario del Teatro Apolo de Barcelona, también regentó el Ramblas, el Español y la discoteca Studio 54 de la Ciudad Condal así como el Monumental y La Latina de Madrid, el Princesa de Sevilla o el Olimpia de Valencia. Desde dichos locales potenció a diversos artistas como Quique Camoiras, Juanito Navarro, Pedro Peña, Luis Cuenca, Noppy, Paco de Osca, Ángel de Andrés, Cassen, Alfonso del Real, Adrián Ortega, Eugenia Roca... Ya en la década de los cincuenta, trajo a “Los Vieneses” al Teatro Español de Barcelona y contrató a Liza Minelli, Charles Aznavour o Gilbert Bécaud para algunos de sus suntuosos espectáculos. En 1977 estrenó el exitoso musical El diluvio que viene y, paralelamente, continuó trabajando como representante artístico, especialmente con Lolita Cano, a la que conoció en Valencia cuando contaba con tan sólo catorce años y popularizó como Tania Doris. Pero, no contento con explotar los ingresos de sus múltiples compañías de revistas así como los de los coliseos de los que era propietario, Colsada se lanzó a la “composición” de libretos para revistas junto a Luis Cuenca y Pedro Peña, firmando los tres con el apellido materno, esto es, García, Allende[1] y Giménez[2], a pesar de que el sagaz empresario nunca colaboró como tal en la autoría de los espectáculos, medio éste que empleó como una nueva fuente de ingresos, causa además que motivó la separación artística entre Luis Cuenca, Pedro Peña y el propio empresario teatral[3].
En su haber contaba con diversas condecoraciones como el Premio Nacional de Teatro o la Llave de la Ciudad de Barcelona. Una de sus grandes debilidades fue el sexo femenino, manteniendo romances con algunas de las vedettes que protagonizaban sus espectáculos como Ingrid Garbo o el muy sonado de Tania Doris.
Sin lugar a dudas, Matías Yánez Jiménez, alias Matías Colsada, poseyó siempre la excelente condición de haber tenido como empresario la certera visión de combinar “cabecera de Compañía” con repercusión taquillera en los carteles, base, sin lugar a dudas, de todos sus éxitos; recordemos, no obstante, la oportuna fusión de actores y actrices como Juanito Navarro-Lina Morgan, Quique Camoiras-Vicky Lussón, Addy Ventura-Adrián Ortega o Tania Doris-Luis Cuenca-Pedro Peña, aportando todos ellos importantes beneficios al empresario.
Falleció en Barcelona el 23 de marzo de 2000 habiendo dejado una herencia valorada en ocho mil millones de pesetas que, a fecha de hoy, continúa sin ser repartida entre sus herederos.

[1] En algunos libretos, programas y críticas teatrales hemos podido observar que Pedro Peña también firmaba como “Allen”.
[2] El popular actor Pedro Peña afirmaba al respecto en una entrevista: “Desde 1953, todas las obras que se hicieron bajo el sello de Colsada, fueron escritas entre ambos [se refiere a él mismo y a Luis Cuenca]. Por mi parte había conseguido estrenar poco antes, para Colsada, una obra titulada ¡Ay, qué pelos!, que obtuvo bastante éxito, pero salvo esta excepción, las escribimos conjuntamente. [...] Las obras teatrales aparecían firmadas, ante el registro de autores por Giménez, Allende (Allen) y García: es decir, por Matías Colsada, Pedro Peña y Luis Cuenca, puesto que firmábamos con nuestros respectivos apellidos maternos. Ahora bien, puedo asegurarle que los cerca de veinticinco espectáculos estrenados por nosotros en Barcelona fueron escritos sin el concurso de Colsada, por mucho que éste los firmase como autor. En realidad siempre fuimos dos libretistas y un músico, pero el empresario quiso controlar una notable fuente de ingresos sin tener capacidad para hacer la “o” con un canuto. El asunto, de hecho, era vox populi y por eso mismo tuvimos grandes problemas para ser aceptados en el Montepío de Autores”. Vid. FERNÁNDEZ COLORADO, Luis: Luis Cuenca, la buena mala vida, Badajoz, Servicio de Publicaciones de la Diputación de Badajoz, págs. 104-105.
[3] “Por supuesto que ésa fue una de las causas, aunque tampoco la única, de que todos acabáramos separándonos. Matías Colsada percibía el setenta por ciento de los derechos de autor sin haberse tomado la molestia de escribir una sola línea del texto, mientras que el músico, Luis y yo nos repartíamos de forma equitativa el treinta por ciento restante. Sin embargo, a medida que pasaron los años Colsada fue arbitrando un sistema fraudulento para compensar el sueldo de otros actores de sus múltiples compañías, como Quique Camoiras o Juanito Navarro, ofreciéndoles participar en los porcentajes de beneficios por derechos de autor. Aquello no era serio, porque al final cobraba cada vez más gente que no había escrito una coma ni un punto, mientras que los porcentajes del resto se iban haciendo más pequeños. Luis y yo habíamos aceptado durante años que Colsada firmase los espectáculos para cobrar derechos de autor, aprovechándose de nosotros porque pensábamos que nadie iba a estrenar nuestros textos en otras empresas y que además existían decenas de empresarios teatrales semejantes a Matías Colsada, pero el asunto fue adquiriendo dimensiones cercanas a lo que podría considerarse como estafa”. Vid. FERNÁNDEZ COLORADO, op. cit. págs. 105-106.

Un magnate de la revista denominado Matías Colsada (II)

Su éxito profesional comienza a vislumbrarse al finalizar la Guerra Civil española, cuando se hace cargo de la gestión del Teatro Principal de Zaragoza[1]. A lo largo de la década, fue consolidando su posición como empresario teatral y empieza a interesarse por el género de la revista musical, del que llegaría a convertirse en máximo adalid en España[2]. En 1946 formó su primera compañía de revistas y, gracias a una cuña que insertó en Radio Nacional, se popularizaron “las alegres chicas de Colsada”[3].
[1] “Ya hombre hecho y saliendo incólume de la guerra española, se le ofreció la oportunidad de ingresar como batería de un gran espectáculo circense, venido de Argelia, huyendo al parecer de la allí organizada. Circo que ofrecía como principal atracción una importante menagerie de animales y fieras. Apoyado en sus ganas de prosperar, no tardó en constituirse en elemento valioso para la empresa, hasta el punto de pedirle a ésta “prestado” su nombre para titular el espectáculo al hacerles falta un testaferro que figurase como promotor español, sirviendo a una ley vigente que a esto obligaba. Pero al “Circo Colsada” no le fueron marchando las cosas demasiado bien; más que nada porque, en aquellos momentos de penuria alimenticia por las que pasaba el país, el mantenimiento de aquel número de animales no resultaba rentable. Ante el hecho, se dedició liquidar el negocio de la mejor forma posible. Empeño en el que intervino Matías Colsada con acierto, adquiriendo grandes conocimientos en el chamarileo empresarial y por parte de aquellas gentes, una generosa gratificación al concluir la campaña. Mediante ese dinero “llovido del cielo” y asociándose a Manolo Chávarri, gerente de una gran cadena de cines, salió a probar fortuna por esos mundos la primera Compañía de Revistas Colsada, él como socio industrial”. Vid. ORTEGA, Adrián, op.cit., pág. 172.
[2] Entre los múltiples espectáculos que presentó se encuentran: Sirenas de Apolo (1956), Mujeres o Diosas (1957), ¡Castígame! (1958), ¡Bésame! (1958), ¡Ay, qué loca! (1958), Caprichosa (1959), ¡Y vas... que ardes! (1960), ¡Mimosa! (1960), ¡Llévame contigo! (1960), ¡Ay, mamá, qué nochecita! (1960), Se necesita un marido (1961), El negocio de Salomé (1961), Las cuarenta mujeres de Apolo (1961), Mi esposa, la otra... y yo (1961), Esto es América (1962), Locas por él (1962), Una mujer con bigote (1962), Año Nuevo... Viuda nueva (1963), ¡Hijas de mi vida! (1963), ¡Espérame en la luna! (1963), ¡Ay, qué ladronas! (1964), ¡Ay, qué chicas! (1964), Mujeres artificiales (1965), Bienvenida, Miss Katy (1965), ¡Y de la nena...! ¿qué? (1965), Las fascinadoras (1965), El barbero de Melilla (1965), Las noches de Herodes (1965), Las intocables (1965), Me las llevo de calle (1967), Vengan maridos a mí (1967), ¡Quiero ser mamá! (1967), ¡Moisés, cómo te ves! (1968), Se traspasa señora (1968), Las sospechosas (1968), Las atrevidas (1968), Valeriano tiene... eso (1968), El chulo (1968), Una noche movidita (1969), Trasplantes de marido (1969), Un marido provisional (1969), Tres mujeres para mí (1969), Esta noche... ¡Sí! (1969), Mi marido es un tormento (1970), Las corsarias -nueva versión- (1970), Pili se va a la mili (1970), Una reina peligrosa (1971), No despiertes a la mujer de tu prójimo (1971), ¡Contigo, pan y... señora! (1971), Las castigadoras -nueva versión- (1971), ¡Ay, Manolo de mis amores! (1971), ¡Pío, tú serás mío! (1972), Llévame a París (1972), Blas, ¿qué las das? (1972), ¡Nena, no me des tormento! (1972), Venus de fuego (1973), La rompeplatos (1973), Yo soy la tentación (1973), Las noches de Eva (1975), Una amiguita de usted (1975), Erótica (1976), ¿Con quién me acuesto esta noche? (1978), La casa del placer (1978), Apasionada (1978), Seductora (1979), La dulce viuda (1980), Acaríciame (1982), Un reino para Tania (1983), Tania Superstar (1983), La pícara reina (1984), Deseada (1984), Un marido de IVA y vuelta (1987), ¿Quieres ser mi amante? (1989), ¡Taxi, al Apolo! (1993), ¡Hola, Tania!... ¿Te han pinchado el teléfono? (1994), etc.
[3] “No quise desnudos en mis revistas. Hicimos arte, libretos graciosos, música pegadiza. ¿Mis vedettes? Son las vedettes de las señoras”. Ibídem. “En mis espectáculos no hay destape integral; solamente lo justifico si viene “rodado” en el libro. Creo que los del destape integral “se han pasado”. El público desde hace tres meses acude a los espectáculos, pero si hay calidad no valen subterfugios. Si no hay calidad, no hay nada”. Vid. “Colsada, un empresario multinacional”, en La Vanguardia, Barcelona, domingo 12 de diciembre, 1976, pág. 60.