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jueves, 14 de enero de 2010

1910-2010: Cien años de... La corte de Faraón (XXVI)


Víctor M. Peláez:


"Los inseparables Perrín y Palacios son, por tanto, creadores de piezas dramáticas cómicas no sólo por motivos económicos, sino también por afición al género. Y en La Corte de Faraón se permiten, además, la posibilidad de establecer un juego dialéctico con los espectadores, quienes de manera intuitiva participan en la acción de contraste entre la pieza dramática escenificada y el subtexto original parodiado. Ese contraste implica una necesaria diferencia entre la parodia y lo parodiado, y según sea la presentación de esa diferencia conoceremos el otro tipo de motivación que ha movido a los autores a escribir la parodia: burlesca (sin maldad aparente), satírica (un serio correctivo) o moral (suscita reflexión y cambio, sin necesidad de pertenecer a ninguna clase de género cómico).
No podemos establecer unas fronteras tajantes entre los diferentes tipos de intencionalidad señalados, porque los autores emplean técnicas diversas que no se corresponden con el mismo grado de intención. No son categorías discretas, pero sí podemos enmarcar la obra por máxima aproximación dentro de una determinada intencionalidad. La Corte de Faraón surgió de una motivación burlesca, porque a pesar de algunos detalles satíricos (recordemos el «cuplé político» que transcribimos arriba o el erotismo con que se tiñe la religión) no existe ninguna intención de crítica destructiva. La comicidad es sana, pues el efecto hilarante ocasionado nos hace ver con otros ojos la seriedad trágica operística y, en particular, la historia bíblica.
Son, por tanto, motivaciones de muy diversa índole (económica, lúdica y burlesca) las que condujeron a Perrín y Palacios a escribir esta opereta bíblica. El objetivo económico fue alcanzado, según se deduce de las diferentes reposiciones de la obra en vida, aún, de sus autores. El interés lúdico se enmarca dentro de esa relación dialéctica que los autores deseaban establecer con los espectadores, aptos para seguir las pautas del juego gracias a los códigos compartidos con los dramaturgos. Y la intención burlesca fue, sin embargo, la que debido a su definición gradual, no discreta, ocasionó divergencias, en las que la situación política tuvo una directa participación; sobre todo, como explicita la versión cinematográfica de José Luis García Sánchez y Rafael Azcona, la llegada de la dictadura supuso la inclusión de un ingente número de elementos burlescos en el campo de lo satírico y, por tanto, de lo peligroso moral o ideológicamente.
Hemos venido hablando hasta ahora de Perrín y Palacios como los autores de La Corte de Faraón. Sin embargo, no queremos ser injustos con la naturaleza de esta pieza dramática de carácter lírico. Es una opereta, como reza el subtítulo, en la que la música tiene tanta importancia como la letra, o incluso más, si atendemos a las críticas publicadas en los periódicos en las fechas posteriores al estreno. Perrín y Palacios son los creadores del texto dramático, pero necesitan un maestro que componga la música que acompañe a la letra en sus números correspondientes. La autoría musical de La Corte de Faraón corresponde a Vicente Lleó, quien, conocedor de los gustos populares, acertó a tenor de los resultados obtenidos. En palabras de Emilio Casares, «Lleó acertó totalmente en su planteamiento con una obra que, dentro del ambiente divertido y sicalíptico en que se desarrolla, aportó una música llena de originalidad y, por qué no decirlo, de inspiración». La habilidad de los compositores se erige en muchos espectáculos en el principal ingrediente del éxito de la pieza, que, por otra parte, en lo que a texto se refiere, cae en la repetición de esquemas y, muy a menudo, en la vulgaridad más denigrante. El panorama teatral en 1910, fecha del estreno de la opereta que analizamos, había degenerado hasta tal punto que lo más habitual era que texto y música no se encontrasen siquiera en el mismo nivel, sino que ésta acaparase por sí sola el interés de los espectadores. Esa situación explica que muchísimas de las obras estrenadas en las dos primeras décadas del siglo XX sean «sólo pretextos para ensartar números y canciones picantes, sin excesiva preocupación por la trama dramática». Y aún decimos más, porque el éxito de un determinado número musical dependía sobre todo de la intérprete femenina de turno, y no precisamente de sus dotes para el canto, ya que, como apunta Serge Salaün, «se les aplaude más la pierna que el gorjeo». Vicente Lleó compuso sus números musicales sabiendo ya quiénes desempeñarían los diferentes roles. Sin embargo, creyó erróneamente que el protagonismo sería para Julia Fons, que representaba a Lota, porque tenía depositadas sus esperanzas en esta por aquel entonces joven actriz. El estreno deparó la gloria del triunfo para Carmen Andrés, que interpretaba a Ra, una de las viudas, y a Sul, personaje que cantaba el número de los cuplés babilónicos. Fue el cambio en el canon de belleza femenina, circunstancia aludida por Salaün, el factor que originó la posterior consolidación de Julia Fons, quien pasó a cantar los popularísimos cuplés babilónicos, como ya habíamos indicado más arriba".

1910-2010: Cien años de... La corte de Faraón (XXV)


Víctor M. Peláez:


"La autoría textual de esta opereta bíblica está a cargo de las plumas de dos escritores en estrecha sintonía, como son Guillermo Perrín y Miguel de Palacios. El fenómeno de la coautoría conoce un desarrollo espectacular en la segunda mitad del siglo XIX y llegan a formarse verdaderos dúos consagrados, como los casos de nuestros autores, ya a caballo entre ambos siglos, o, también, de Vital Aza y Miguel Ramos Carrión o Celso Lucio y Antonio Palomero. Lo más normal son las parejas de autores, pero tal fenómeno puede implicar la intervención de un mayor número de escritores. La coautoría es favorecida por causas varias: muchos autores eran colaboradores periodísticos y coincidían en tertulias literarias y sociedades de autores; la fecundidad necesaria para no desaparecer de las carteleras exigía un trabajo de escritura teatral a marchas forzadas, más llevadero en colaboración; y el teatro breve, tan extendido en el período finisecular y de principios del siglo XX, se caracterizó por un esquematismo tan fijo, que el reparto de las tareas de escritura teatral no suponía ninguna dificultad.
Las trayectorias de Perrín y Palacios fueron similares. Ambos se criaron en provincias, el primero en Valencia y el segundo en Gijón, y marcharon a cursar estudios universitarios a Madrid, de Derecho y Medicina respectivamente. Abandonaron sus profesiones y se dedicaron al teatro. De Miguel de Palacios se sabe que dirigió algunas revistas teatrales (El Trovador y La Batuta) y colaboró en otras publicaciones, pero todo encaminado a la actividad teatral. Su aportación conjunta a los escenarios fue ingente, enmarcada formalmente en el teatro breve de un acto y de temática cómica, satírico-burlesca y paródica. Pertenecen, desde la perspectiva de la parodia dramática de la que partimos, al grupo de los que hemos llamado «parodistas aficionados», porque entre su producción dramática cuentan con parodias (La Corte de Faraón, El morrongo y El trueno gordo, por citar unos casos) y, más comúnmente, con piezas cómicas teñidas de actitudes paródicas.
La frenética labor de estos autores se entiende por el afán de beneficios rápidos y seguros, gracias a una coyuntura favorable. Los teatros españoles dieron cabida en sus repertorios a este tipo de piezas porque generaban unos ingresos suculentos, que los dramas convencionales no podían proporcionar. Los autores supieron aprovecharse de tales circunstancias, poniendo todos sus esfuerzos en la elaboración de piezas dramáticas de este tipo. Este hecho les generó una fama negativa entre la intelectualidad del momento. Sin embargo, los autores, en general, «no querían saber nada -o querían saber poco- de otros empeños que, aunque podían dar prestigio en el mundo intelectual, no daban la posibilidad de comer caliente todos los días». Es así de sencillo y, a la vez, triste.
Esa motivación económica es el elemento principal que justifica la tremenda actividad dramática de Perrín y Palacios, pero no podemos quedarnos ahí. Una producción tan prolija implica un interés de los autores por la materia con la que trabajan; es evidente que disfrutan con lo que hacen, porque el teatro es un medio perfecto para jugar con los espectadores. En el caso de La Corte de Faraón, desean que el público se integre en la función, acepte participar en el juego propuesto. ¿De qué juego se trata? Del que implica toda parodia: el reconocimiento de un subtexto (en este caso, recordemos que son posibles subtextos) y la consecuente recompensa (el sentimiento de satisfacción que produce captar las referencias más o menos veladas). Los espectadores se implican en la función, participan activamente en ella, porque saben que la recompensa es gratificante. Les siguen la corriente a los autores, quienes, a su vez, desean ser entendidos por su público. Se establece así una relación dialéctica entre los autores y los espectadores, que constituye la base del modelo de la comunicación de la parodia dramática: los autores entran en contacto con el público, al que interpelan directamente, lo involucran en su juego, y la positiva reacción de los espectadores afecta a los autores en varios sentidos, pues éstos, por una parte, ven recompensado su esfuerzo en la realización del juego y, por otra, modifican el producto dramático en función de los intereses del auditorio. Tal relación dialéctica es posible porque autores y receptores comparten unos determinados códigos (históricos y culturales). En el momento en que esa situación ceñida a una coyuntura temporal deje de darse, la relación cambiará sustancialmente. Pensemos, por ejemplo, en una puesta en escena actual de La Corte de Faraón: el público de principios del siglo XXI no tendría la misma capacidad interpretativa que el de principios del XX, porque carece de los códigos de ese período histórico. Tendría, por tanto, que efectuar una reconstrucción de tales códigos, que supondría asimilar las circunstancias del contexto próximo a 1910 (panorama teatral, concepto del teatro en ese período, gustos del público, situación política, sociocultural y económica en España) y conocer los elementos del juego que proponen los autores (la parodia es tal si damos con el subtexto o subtextos parodiados). Si tal reconstrucción no se realizase, que es lo más probable, el público se quedaría con el lado divertido y espectacular de la opereta, pero no respondería positivamente a una de las intenciones de los autores, la paródica, y se perdería, por tanto, una importante faceta de la opereta. En otras palabras, todas las referencias tan evidentes para el público de principios del siglo XX no lo son tanto para los espectadores actuales y, en consecuencia, la interpretación en clave paródica de La Corte de Faraón depende de nuestra capacidad de reconstrucción de los códigos anteriormente referidos. Es un problema de reconocimiento de subtextos que afecta a la esfera de los receptores, porque los autores-emisores manifiestan de forma evidente los elementos paródicos. No en vano, el género paródico se caracteriza por la voluntad de hacer explícito el subtexto, para que los espectadores capten sin ningún problema las referencias que jalonan la representación dramática".

1910-2010: Cien años de... La corte de Faraón (XXIV)


Víctor M. Peláez:


"Los datos arriba expuestos avalan el éxito circunstancial que experimentó la pieza dramática que analizamos, porque respondía a las expectativas de su momento histórico. Sin embargo, La Corte de Faraón no ha desaparecido por completo de las tablas. No hace falta ir muy atrás para encontrarnos una representación de la opereta de Perrín y Palacios. Fue en el Teatro municipal de Caracas los días 25, 26, 27 y 28 de octubre de 2001, dirigida por Tony River, que forma a su vez parte del reparto, representando el rol del hebreo José, junto con otros artistas como Emilio Laguna, Mar Abascal, Boro Giner, Mario Rodríguez, Guadalupe Sánchez, Laura River o Rosalinda Serfaty. También en España se montó recientemente en el Teatro de la Zarzuela (del 27 de marzo al 2 de mayo de 1999), dirigida por Alfredo Arias. Aparte de las reposiciones teatrales, la versión cinematográfica dirigida por José Luis García Sánchez constituye una prueba más de su pervivencia actual, motivada principalmente por el lado más divertido, jocoso y espectacular de la obra, al margen de las evidentes intenciones críticas de la película indicada. Este hecho nos conduce a pensar que algún mérito debe tener el texto dramático producido por Perrín y Palacios. Conozcamos primero algunos datos sobre estos autores, para posteriormente estudiar la obra en cuestión".

1910-2010: Cien años de... La corte de Faraón (XXIII)


Víctor M. Peláez:


D/ Causas políticas: no es éste un factor implicado directamente en el éxito de una determinada pieza dramática, pero ayuda a crear un marco contextual que posibilite unos resultados positivos. La parodia dramática es un género que necesita una situación de calma política, de cierta laxitud. Sobre todo cuando emplea la sátira o la burla, o cuando se excede en la presentación de una moral o conducta algo «libertinas», esto es, con regodeo en el erotismo y los placeres materiales. La Corte de Faraón contiene una notable variedad de referencias sexuales, unas más veladas que otras, y presenta además una serie de temas como el de la impotencia sexual, la infidelidad, la concupiscencia, la calumnia... que convierten a la obra en un ejemplo de defectos morales. Los números musicales son las partes más «peligrosas», porque detrás de esas apariencias de frivolidad, intranscendencia, halago a los sentidos o contenido popular, materializados en los diversos cuplés de la composición, pueden esconderse determinados fines ideológicos; de hecho, existe una modalidad de cuplé, el «cuplé político», de ideología liberal y contenido satírico-político, que supone una crítica a los conservadores. En La Corte de Faraón se agregó al número de los cantores babilónicos un cuplé de esta modalidad, que, por supuesto, nada tiene que ver con la historia del hebreo José que se presenta en escena. El cuplé es el siguiente:
En Babilonia los Ministerios
entran y salen tan de repente,
que quien preside por la mañana
ya por la tarde no es presidente.
De estos trastornos ministeriales
dicen que tiene la culpa sola
un astro errante llamado Maura,
que es un cometa de mucha cola.
A pesar de que estemos hablando de un período de ciertas libertades, tenemos que indicar que cuando se estrenó la obra, con Alfonso XIII reinando, la situación política sufría constantes vaivenes y la censura solía actuar con frecuencia, como apunta el propio Salaün. Será necesario esperar a la década de los veinte, en concreto a la llegada de Primo de Rivera, para que el género experimentase su apogeo, a causa de los gustos personales del dictador, aficionado a este tipo de representaciones; es precisamente durante esa década el momento de máxima gloria de La Corte de Faraón, con una excelente Julia Fons interpretando el número de los cuplés babilónicos. Fue la llegada del período franquista el momento de truncamiento del éxito, pues pasó al registro de la censura debido a sus supuestos atrevimientos políticos, eróticos y religiosos. En la posguerra se buscó la manera de evitar el veto impuesto por el régimen y para ello se realizaron algunos cambios y se impuso un nuevo nombre; así, por ejemplo, Nati Mistral la reestrenó con el nombre de La bella de Texas. En estos avatares para evitar la censura se centraron Rafael Azcona y José Luis García Sánchez a la hora de escribir el guión de la película homónima (1985), en la que la opereta de Perrín y Palacios se constituye en el pretexto para reflejar los problemas que devienen en el seno de una compañía teatral de escasa relevancia durante los años cuarenta. La película, aunque presenta un tono cómico, nos introduce en el campo de la censura eclesiástica y política (como ejemplo, valga la discusión sobre el permiso del nihil obstat) y refleja ese marco de falta de libertad que impide el éxito de una pieza como La Corte de Faraón. Por ello, creemos que se justifica el apartado de las causas políticas como factor que debemos tener en cuenta para ponderar el éxito de una obra dramática, máxime cuando hay parodia y sátira.

sábado, 9 de enero de 2010

1910-2010: Cien años de... La corte de Faraón (XXII)


Víctor M. Peláez:

"C/ Causas económicas: si al creciente gusto por las piezas dramáticas con números musicales unimos las facilidades económicas que los empresarios teatrales, en general, daban para que un público mayoritario pudiera darse cita en los locales, el éxito de una pieza como La Corte de Faraón y otras de su género está justificado. El abaratamiento de las entradas fue iniciado por el empresario Francisco Arderíus en los años sesenta, pues necesitaba que un público menos encorsetado y convencional acudiese al estreno de sus Bufos para que éstos tuviesen aceptación. La reducción drástica llegó con las representaciones del «teatro por horas» y los beneficios fueron inmediatos. En 1910, fecha del estreno de La Corte de Faraón, los precios de las entradas de los locales teatrales dedicados a este tipo de géneros resultan irrisorios en comparación con años atrás. Serge Salaün recoge las cifras de un local de tales características, como es el Apolo: en 1910 por sesenta céntimos ya se podía asistir al teatro, y la entrada más cara era el palco, cinco pesetas, aunque en él cabían hasta dieciséis personas. Las posibilidades de asistencia eran, por tanto, mayores para todo tipo de público y si, además, los empresarios ofrecían los espectáculos teatrales que el público mayoritario demandaba, la fórmula del éxito está clara".

1910-2010: Cien años de... La corte de Faraón (XXI)


Víctor M. Peláez:

"B/ Causas socioculturales: el éxito de una pieza dramática como La Corte de Faraón presupone también la existencia de un público con unos determinados conocimientos culturales que les posibiliten interpretar la obra como sus autores pretenden. Desde la perspectiva actual puede resultar, quizás, un poco difícil asumir que los espectadores que asistieron primero al Eslava y, más tarde, al resto de locales donde se montó la obra tenían la capacidad óptima de interpretar aquella opereta según las intenciones de los autores, máxime cuando conocemos que el nivel cultural medio en España a principios del siglo XX continuaba siendo deplorable. No obstante, debemos tener presentes dos puntos fundamentales: la enorme participación social durante esa época en el fenómeno teatral y los principios de educación religiosa, tan arraigados entre todas las capas sociales. Ambos puntos justifican la correcta interpretación de los subtextos con los que Perrín y Palacios juegan paródicamente en La Corte de Faraón. Por un lado, los autores se benefician del éxito de la ópera de Verdi Aida y, también, es posible que tengan en mente la opereta Madame Putiphar, escrita por los franceses Ernest Dupré y Léon Fourneau, más conocido por su pseudónimo Xanrof, con música de Edmond Marie Diet, y representada por primera vez en París el 27 de febrero de 1897; en esta misma línea, la obra se plantea como parodia de las convenciones de todo un género, el operístico, del que sacan a la luz algunos de los tópicos más manidos, como veremos al analizar la obra. Esta práctica paródica es fácilmente reconocida por los espectadores gracias a sus hábitos teatrales, que les han generado una competencia teatral vasta con la cual están en disposición de identificar las referencias a Madame Putiphar (si es que realmente la manejaron los autores y la estrenaron en España) y a los tópicos y motivos operísticos. El público español de principios del XX tenía una cultura teatral viva, a pesar de los elevados índices de analfabetismo. Una cultura basada en los hábitos de asistencia a los teatros. La actividad teatral no era ajena a un importante sector social, capaz de captar las referencias a los subtextos que planteaban los autores porque formaban parte de su cultura teatral. Además, la prensa se hacía eco de la actividad teatral, a la que le daba una importancia notable, y contribuía de ese modo a su difusión.
Por otro lado, hemos señalado la relevancia de la cultura religiosa para la mejor comprensión paródica de la obra. La sociedad española se ha caracterizado históricamente por su condición católica, aunque se tratase de una religión de apariencias en un elevado porcentaje. Esa condición tan arraigada entre el pueblo español es motivo suficiente para que los espectadores teatrales, sea cual sea su estatus, estén al menos familiarizados con la historia bíblica original del hebreo José, hijo de Jacob, relatada en el libro del Génesis. Probablemente no la conociesen por haberla leído en los textos bíblicos, que apenas tuvieron difusión en España (además, el elevado índice de analfabetismo aún existente a principios de siglo sería un impedimento para muchos), pero no les resultaría extraña gracias a la iconografía, los sermones eclesiásticos o la cultura religiosa oral que aún pervivía, según comenta Terenci Moix. Perrín y Palacios se aprovechan de esta circunstancia para jugar paródicamente con esa historia legendaria; recordemos que el subtítulo reza «opereta bíblica». La parodia de textos bíblicos no es, por supuesto, nada novedoso, aunque el género literario más empleado para vehicular tales deformaciones ha sido el narrativo. Los autores de esta opereta se atreven con un género dramático de carácter lírico con el fin de aportar continuidad al mito bíblico y, a la vez, profanar tal historia sagrada. ¿Por qué una pieza lírica? Obviamente, por las causas arriba señaladas y, también, porque si pretenden parodiar un género como la ópera, el efecto es más eficaz si se emplean técnicas similares que permitan al espectador reírse, en este caso, de unas situaciones que en el contexto original están rodeadas de seriedad y dramatismo. Los autores han sabido, en consecuencia, articular unos subtextos de fácil reconocimiento por los espectadores, ya que éstos disponen de una cultura teatral viva y de una cultura religiosa extendida. El público se hallará, por tanto, en plena disposición de captar los guiños paródicos planteados por los autores, quienes por otra parte desean hacerse entender y hacer partícipes a los asistentes de este juego con la cultura que constituye la parodia dramática".

1910-2010: Cien años de... La corte de Faraón (XX)


Víctor M. Peláez:

"A/ Causas teatrales: la segunda mitad del siglo XIX en España supuso para el teatro una época de cambios muy significativos, que afectaron a todos los elementos estructurales del mundo teatral. En este punto nos interesa señalar los que se refieren exclusivamente al repertorio dramático. En la década de los sesenta Francisco Arderíus popularizó sus Bufos, representaciones de obritas líricas de tono alegre, jovial y, en un alto porcentaje, paródico. Son el antecedente inmediato del fenómeno que, injustamente, ha recibido la denominación de Género chico, cuyos inicios se marcan en torno a 1880. El apogeo de esta corriente teatral de carácter lírico se fecha comúnmente entre 1890 y 1900, época de enorme proliferación de zarzuelas en la práctica totalidad de locales teatrales españoles (no sólo en la capital). La entrada del siglo XX supuso la aparición de nuevas modalidades muy próximas al Género chico, pero con rasgos particularizadores: el género ínfimo, las variedades y la opereta. Básicamente añadían mayores dosis de espectacularidad, proyectaban en escena un erotismo más marcado, materializado en la figura de las actrices, y prestaban especial atención a los números musicales, cuya correcta ejecución era motivo suficiente para salvar del pateo a determinadas piezas que, sin duda, merecían el desprecio del respetable. Si queremos ser más precisos, podemos afirmar que la evolución de la dramaturgia española de finales del XIX y principios del XX constituye un proceso de sustitución de la letra por la música, del arte de reflexionar por la emoción de sentir, del teatro más convencional por un teatro plenamente espectacular. Y en este contexto de encrucijada dramática se estrena La Corte de Faraón, cuyos números musicales trascendieron las tablas y se convirtieron en un verdadero fenómeno de masas; de hecho, el número de los cantores babilónicos fue ampliado con varios cuplés, a petición popular. Tales números musicales tampoco habrían tenido un eco especial si no hubiese existido una interpretación «sugerente» de los mismos, cual fue la que en el estreno de 1910 realizó Carmen Andrés y ya en representaciones posteriores (en los años veinte) Julia Fons, que en el estreno interpretó el papel de Lota".

1910-2010: Cien años de... La corte de Faraón (XIX)


Veamos, a continuación, un interesentísimo artículo de Víctor M. Peláez que hemos recogido de http://www.cervantesvirtual.com/ y que el lector podrá leer en mencionada página de una forma completa. Su título, "La Corte de Faraón desde una perspectiva paródica", intenta poner de manifiesto todas las circunstancias que llevaron a sus tres autores a crear tan significativo texto además de explicar la importancia dle mismo, tanto en la época, como en su repercusión posterior:

"La noche del 21 de enero de 1910 el Teatro Eslava de Madrid acogió el estreno de una «opereta bíblica» que supuso un notable éxito: La Corte de Faraón, con letra de los inseparables Guillermo Perrín y Miguel de Palacios y música del maestro Vicente Lleó. No pretendemos afirmar que esta pieza dramática merezca figurar como un hito literario en el conjunto de la literatura dramática española del siglo XX; no es ésa nuestra intención. Hablar de éxito no implica ningún tipo de valoración estética, literaria, ideológica... Solamente significa una valoración «comercial», una respuesta al efecto inmediato que causó en los sectores sociales que acudían al teatro. Podemos preguntarnos cuáles son los factores que coadyuvaron a que tal empresa llegase a buen puerto, qué podía ofrecer esta pieza dramática lírica a los espectadores de principios de siglo. Y pensamos que en líneas generales los elementos más destacables a tal efecto son los siguientes:

viernes, 8 de enero de 2010

1910-2010: Cien años de... La corte de Faraón (XVIII)


La corte de Faraón marcó una época y un estilo que encumbró a sus creadores al olimpo de las plateas españolas; pero es que, además, la principal aportación de esta opereta al género que nos ocupa es haber sido el punto de inflexión entre la forma de hacer revista del siglo anterior repasando los acontecimientos de la actualidad más latente, con las nuevas formas que comienzan a cultivarse en estos incipientes comienzos del nuevo siglo; esto es, mezclando la sicalipsis con el gusto por el chiste soez y chabacano no exento de cierta misoginia y un giro radical en el lenguaje empleando giros, chistes fáciles, retruécanos y constantes juegos de palabras con doble sentido con una música ciertamente efectista, cadenciosa y popular

1910-2010: Cien años de... La corte de Faraón (XVII)


En el último cuadro, “¡Sigue la curda!” nos trasladamos a la cuadra del tío Peleón, donde, entre toneles de vino, duerme su borrachera con una bota de vino entre las manos. A sus pies, el tabernero, con una curda doble, también descansa. En esto, Pepiyo, descolgándose por el ventanal, los despierta. El tío Peleón, aprovechando la presencia del mozo de espadas, le pide que interprete unas ideas que hace tiempo rondan por su cabeza, y como sabe de la fama de Pepiyo, quien siempre dice la verdad... aprovecha para comentárselas. Una vez el gitanillo ha dado su parecer, le pide a cambio al alcalde que dejen de molestarle las señoras. Así pues, llegan en ese instante Butifarra, colérico por lo que le ha contado Carlota, Pití y Miní y la Alcaldesa, furiosa también, por el desplante que Pepiyo le ha hecho. Como todos intentan arremeter contra el muchacho, el alcalde Peleón descubre la verdad: el único culpable de todo lo sucedido es el propio Butifarra que no supo cumplir como hombre en el lecho conyugal; de esta forma y, aclarado el entuerto, Pepiyo es nombrado Subsecretario Mayor del Ayuntamiento; claro que, tanto la Alcaldesa como Carlota comienzan a idear la forma de poder ver al muchacho ahora que va a quedarse definitivamente en el pueblo.
Como el lector habrá podido comprobar, semejante argumento causó las delicias del público asistente a su puesta en escena, cuando aún continuaba vigente el éxito de su predecesora.

1910-2010: Cien años de... La corte de Faraón (XVI)


El cuadro tercero, “La curda del Peleón” nos traslada a la casa de éste donde todo el mundo bebe y canta feliz mientras aquél duerme plácidamente de su borrachera:
Las verduleras de los Madriles
son lo castizo de la barriada,
y cuando cuentan los quince abriles
venden lechuga pa la ensalada.
Luego a los veinte la berenjena,
llegan a treinta vendiendo col,
y a los cincuenta, ¡Jesús, qué pena!,
van pregonando junto a un farol:
¡Ay, pa...!
¡Ay, pa...!
¡Ay, parroquianas, rabanitos!
¡Frou-frou!
¡Frou-frou!
Que está haciendo furor.
¡Ay, va...!
¡Ay, va..!
El tío del gabán.
Una vez cesa la música aparece compungida Carlota quien le cuenta lo sucedido a la Alcaldesa; ésta, al ver a Pepiyo, se siente irrefrenablemente atraída hacia él, lo que motiva la disputa entre las dos mujeres por conseguir el amor del gitano, mientras que éste intenta zafarse como puede de ambas. Finalmente saltará por la ventana.

1910-2010: Cien años de... La corte de Faraón (XV)


Cuando aparece Butifarra, todos los invitados desaparecen. Una vez a solas con su mujer y, a sabiendas de que no puede cumplir con su obligación marital, Butifarra se dedica a eludir el fuego amoroso que destila aquélla contándole cómo fue su corrida en Soria. Butifarra, desesperado porque no sabe cómo contarle a Carlota lo que le pasa, al escuchar un cencerro, ve el cielo abierto, ya que, según él, lo llama el alcalde para torear en la plaza del pueblo, dejando así sola y compungida a la pobre Carlota. Instantes después llega Pepiyo quien, por orden del torero, ha de hacer compañía y entretener, mientras dure la corrida, a su esposa.
Una vez los dos se han quedado a solas, Carlota comienza a flirtear con el agraciado gitanillo, con quien intenta mantener algo más que amistad. Aquél, asustado y acordándose de su neurastenia, huye corriendo mientras Carlota se queda con su camisa entre las manos, lo que motiva su ira y su venganza ya que, a sus gritos, acuden varios amigos y sirvientes a los que cuenta que Pepiyo entró para aprovecharse de ella. Les muestra entonces la camisa en prueba de su afirmación.

1910-2010: Cien años de... La corte de Faraón (XIV)


Calificada por sus autores como “opereta ménflica en un acto, dividido en cinco cuadros, en verso, pseudoparodia de La corte de Faraón” transcurría en un pueblecito imaginario denominado Menflis, “en donde tienen el buen gusto de vestir de charros, por cuyo motivo, a excepción de los toreros, todos vestirán de traje”.
La acción del primer cuadro titulado “La vuelta del torero” transcurre en la Plaza de la Constitución de Menflis donde todo el pueblo, incluidos el tío Peleón y su mujer, la Señora Alcaldesa, esperan impacientes la llegada del gran torero Butifarra, triunfador en mil y una plaza de toros. Éste llega entre vítores y alabanzas acompañado por Pití y Miní, picador y banderillero, respectivamente de aquél. En la plaza, junto a todos sus vecinos, también le aguarda la Carlota, su mujer, con quien contrajo matrimonio y a la que tuvo que abandonar para cumplir sus obligaciones profesionales dejando a su mujer “ni soltera ni casada”, esto es, sin haber consumado su matrimonio. Claro que lo que ésta desconoce es que en una cogida en Soria, tuvo una herida que le impide demostrar sus artes amatorias.
Cuando todos abandonan la escena, entra una pareja de guardias con un gitano arrestado muy bien parecido. Se trata de Pepiyo, que gusta de bañarse desnudo en el río y que tiene a todas las mujeres del pueblo soliviantadas; aunque, debido a su neurastenia, no puede acercárseles lo más mínimo ni desfogar ese ardor que destila cuando aquéllas se arriman. Así las cosas, Pití y Miní le proponen unirse a la cuadrilla del Butifarra como mozo de estoques. Pepiyo acepta gustoso a sabiendas de que no le faltará nada de comer y de que se librará de la pareja de guardias. Una vez que el gitano es presentado a Butifarra, aquél acepta gustoso que forme parte de su cuadrilla; pero en lo que no ha reparado el torero es que su mujer, la Carlota, también ha puesto sus ojos en Pepiyo.
El cuadro segundo, “El camisón de Pepiyo” transcurre en casa de Butifarra donde se celebra una fiesta de bienvenida. Allí, tres gitanas quieren entrar para darle unos consejos a Carlota ahora que su marido ha regresado:

Lo primero que quiere el marido
es que sea muy fiel su mujer,
que se encuentre siempre prevenido
lo que en casa se pueda tener.
A la esposa,
a la esposa tenerla dispuesta,
siempre limpia,
siempre limpia, lavada y peinada,
y que guise, que friegue, que planche
sin costarle trabajo hacer nada.
Mujercita,
fiel y bonita,
tu marido te necesita
hacendosa,
primorosa,
que le lave la ropa y la cosa.
Ahora sí que estarás contentona,
remonona,
remonona,
cuídalo, mímalo,
no le digas a nada que no.

miércoles, 6 de enero de 2010

1910-2010: Cien años de... La corte de Faraón (XIII)


Tal fue el éxito alcanzado por La corte de Faraón que, en 1911, Miguel Mihura Álvarez y Ricardo González del Toro en las labores de libretistas y José Padilla en las musicales, compusieron una parodia titulada El pueblo del Peleón[1] que fue estrenada en el madrileño Teatro Martín la noche del 24 de febrero de mencionado año. Calificada por sus autores como “opereta ménflica en un acto, dividido en cinco cuadros, en verso, pseudoparodia de La corte de Faraón” transcurría en un pueblecito imaginario denominado Menflis, “en donde tienen el buen gusto de vestir de charros, por cuyo motivo, a excepción de los toreros, todos vestirán de traje”.
[1] Según nota de los propios autores al inicio de la obra: “Recomendamos a todos los señores directores de escena que en las colocaciones, gestos y aptitudes de los personajes se parodien con toda exactitud los de La corte de Faraón, pues es un elemento muy importante para el buen éxito de la obra”.

1910-2010: Cien años de... La corte de Faraón (XII)


CUADRO SEXTO

"El jardín del amor"


Jardines del palacio del Faraón. Toda la frondosidad que debieron tener aquellos lugares. En primer término izquierda un fragmento de la fachada del palacio, con el gran ventanal señalado a la derecha del anterior cuadro.


MÚSICA (Bis N.º 6)
Orquesta sola

(Por un lateral, detrás siempre de los telones de gasa, sale José, perseguido por Lota y por la Reina. Corren dando gritos por entre los árboles, acosándole. Ellas van quitándose la ropa que van tirando, hasta quedarse en una semidesnudez. Le alcanzan y, abrazadas a él, caen detrás de un macizo de flores que les oculta al público. Se oyen risas ahogadas y por encima del macizo se ve caer el resto de la ropa que figura se quitan unos a otros. Esta escena es subrayada por el tema musical del número anterior. A su final se van cerrando lentamente las cortinas.)


M U T A C I Ó N
CUADRO SEPTIMO

"Los sueños de Faraón"


Otro rincón de los mismos jardines del palacio. A la derecha, y figurando debajo de la fachada del palacio, un pequeño banco rústico cubierto con pieles. Estatuas, flores, etc. En el fondo floresta y dos árboles corpulentos que entrelazan sus ramas en la parte alta y forman un arco. Todo este fondo se transparenta a su tiempo y se descorrerán las gasas que lo forman para el cuadro que se indicará.


(Al hacerse la mutación aparece el Faraón dormido sobre el banco rústico y a su lado, en el suelo, el Copero de S.M., también dormido. Por la derecha sale José corriendo y envuelto en una túnica, tropieza con el Copero y cae encima del Faraón.)


H A B L A D O

JOSÉ Si no me escapo me comen.

FARAÓN (Despertándose.)

¿Qué es esto?
JOSÉ ¡Jehová me valga!
El Faraón.

COPERO (Despertando.)

El esclavo.
FARAÓN ¡Cuando tranquilo soñaba
despertarme!
JOSÉ Mi perdón,
señor, demando a tus plantas.
FARAÓN ¿Te ha perdonado la Reina?
JOSÉ Sí, señor. Es muy magnánima.
FARAÓN Sí.

(Al Copero.)

Qué sueños tan extraños
ha poco me atormentaban;
explicármelos no puedo,
que no tengo ciencia tanta
para interpretarlos.
COPERO Mira;
pues a este esclavo nos mandan
los Dioses. A mí hace poco,
cuando estuvo en la antecámara
detenido, me explicó
lo que en la noche pasada
hube soñado.
FARAÓN ¿Qué dices?
JOSÉ El cielo me dio esa gracia.
Desde que era pequeñito
acertijos, charadas
y ensueños, son para mí
cosas corrientes y claras.
También soy algo profeta
y ducho en las artes mágicas,
y es porque mis facultades
todas las conservo intactas,
porque como soy casto,
un casto no se desgasta.
FARAÓN Pues escucha mis ensueños
y explícamelos.
JOSÉ Pues habla.


M Ú S I C A

FARAÓN Vi entre sueños tres mujeres
con extrañas vestiduras
que agitando así las manos
adoptaban mil posturas.
De cintura para abajo
todo, todo lo movían
y enseñaban muchas cosas
de cintura para arriba.
Era un encanto verlas bailar,
nunca en mis reinos vi cosa igual.
JOSÉ Ya sé lo que dices,
mira si eso fue.

(Se abre la floresta del fondo y aparecen tres visiones. Mujeres con trajes modernos y dispuestas para un garrotín.)

FARAÓN Por Anubis, por Osiris
eso es lo que yo soñé.
COPERO Renilo, ¡qué asombro,
qué barbaridad!
FAR. Y COP. ¡Vaya unas señoras,
qué ricas están!
JOSÉ Esas tres mujeres
que miras allí,
bailarán en lo futuro
el movido garrotín.

(Bailan las Mujeres.)

Cuando te miro el cogote
y el nacimiento del pelo,
se me sube, se me sube y se me baja
la sangre por todo el cuerpo.
TODOS Cuando te miro el cogote
y el nacimiento del pelo,
se me sube, se me sube y se me baja
la sangre por todo el cuerpo.
JOSÉ ¿Qué te quieres apostar,
qué te quieres apostar
a que tengo yo una cosa,
que no tienes ni tendrás?
TODOS ¿Qué te quieres apostar,
etc., etc.

(Bailan todos.)


H A B L A D O

FARAÓN ¿Quién eres, joven hebreo,
que das interpretación
a mis sueños? ¿Di, quién eres?
JOSÉ El hijo de un tal Jacob.
FARAÓN ¿En qué te ocupas?
JOSÉ En nada.
COPERO Muy bonita profesión.
FARAÓN Pero es un sabio.
JOSÉ Mil gracias.
FARAÓN Y premiarle quiero yo.

(Entran Putifar, la Reina, Lota, Selhá y Seti.)

PUTIFAR ¿Dónde está ese vil esclavo?
LOTA Allí le tienes, señor.
FARAÓN ¿Qué es esto?
REINA ¡Señor!... Escucha.
PUTIFAR (A la Reina.)

Con permiso, Faraón,
¿sabes lo que este mancebo
hacer en mi casa osó?
FARAÓN Lo que osó todo lo sé.
Mas mi esposa su perdón
le ha dado.
PUTIFAR Pues yo, el marido,
le daré castigo atroz.
FARAÓN De marido no presumas...
que el hombre que abandonó
a su esposa en la primera
entrevista del amor,
no tiene nada de hombre.
SELHÁ Se ha enterado.
SETI Se enteró.
PUTIFAR Lo sabe.

FARAÓN (A Lota.)
Preciosa Lota,
quise darle esta lección
para ver si así se enmienda.
LOTA Quiéralo Anubis.
JOSÉ Y yo
que soy casto, ¿cómo quedo?
Rechazo la acusación.
FARAÓN Basta. ¡Que le den la capa
que en la refriega perdió!
Y si todos los maridos
cumplieran su obligación,
no pasaran estas cosas.
REINA Muy bien dicho.
LOTA Sí, señor.
Y ahora mis brazos te esperan,
hijo ilustre de Jacob.
Te nombro virrey de Egipto.

TODOS (Postrándose.)

¡Virrey!
JOSÉ ¡Gracias, Faraón!
Si por adivino y casto
me otorgan tan alto honor,
cuando enamore señoras,
¿dónde voy a llegar yo?
FARAÓN ¡Saludadle!

(Todos saludan.)

JOSÉ Muchas gracias.

REINA (Pasando al lado de José ceremoniosamente.)

Mi mano a besar te doy.
(Cuando quieras puedes verme.)
JOSÉ Pues la veo, sí, señor.
LOTA Te perdono. (Y ya hablaremos.)
JOSÉ Yo... le doy... conversación.

FARAÓN (Cogiendo a Putifar.)

El Buey Apis nos espera.
PUTIFAR Vamos al templo del dios.
COPERO A consagrar al virrey.
JOSÉ Llegó mi consagración.

(Van saliendo y Putifar dice:)

PUTIFAR Lo del Buey me tiene mosca.
¿Lo dice con intención
o solamente lo hace
para llamar mi atención?
¡Pues lo de hablarme de cuernos
puede ser comparación!

(Oscuro y


M U T A C I Ó N
CUADRO OCTAVO

"El Buey Apis"


Se borra todo el fondo de la decoración anterior y aparece la entrada al templo del Buey Apis.


(Sobre una escalinata está colocado el Buey de oro. Rodean la entrada del templo Guerreros, Esclavos, y Sacerdotisas. A cada lado del Buey y cogiéndole cada uno de un cuerno Putifar y Faraón. José de rodillas entre Lota y la Reina que le acarician. Gran Sacerdote, Copero, etc. Cuadro artístico a gusto de los directores de escena.)


RECITADO SOBRE LA MÚSICA

FARAÓN Que el cuerno que estoy tocando
te dé honores y abundancia.
PUTIFAR Que este otro cuerno que toco
muy poderoso te haga.

SACERDOTE (Dándole un báculo dorado.)

Y de mis manos recibe
la noble insignia sagrada.
COPERO ¡Gloria al virrey!
PUTIFAR ¡Gloria!
TODOS ¡Gloria!
FARAÓN El Buey te saluda.

(Saluda con la cabeza el Buey, movido por Putifar y Faraón.)

JOSÉ ¡Gracias!
¡Qué honor para mi familia!
¡Cuando se enteren en casa!...

(Bailan las Esclavas, mientras todos cantan.)


TODOS ¡Gloria, gloria
a nuestro gran virrey!
Honremos al Apis,
honremos al Buey;
¡gloria al Buey!

(Se ponen todos ante el Buey sagrado. Las Esclavas caen a los pies de José y terminada la ceremonia va cayendo lentamente el


T E L Ó N

1910-2010: Cien años de... La corte de Faraón (XI)


CUADRO QUINTO

"Arikón se declara"


Un telón corto de un gran pasillo de palacio. Un gran ventanal al centro por donde se verá el jardín. Este telón deberá estar pintado en gasa, a fin de que pueda hacerse transparente y subir a vistas en su debido momento.


(La escena sola. Por la derecha sale José corriendo y mirando hacia atrás con miedo.)


H A B L A D O

JOSÉ ¡Por Anubis, qué señoras!
Y eso que las dos son reinas.
Pero si no escapo a tiempo
ni el taparrabos me dejan.
¡Y hay que ver cómo se agarran
a lo primero que encuentran!
Y el caso es que bien mirado
están las dos de primera.
¡Ay, si yo no fuera tan casto,
con las dos que me atreviera!

(Por la izquierda entra Arikón.)

ARIKÓN ¡Pero José! ¿Cómo vienes
sin casi ropa siquiera?
JOSÉ Pues, por seguir tus consejos
de que a Lota entretuviera
de una manera sencilla,
para que no se aburriera;
resultó que no eran cuentos,
ni bailes, ni zalamemas
lo que Lota deseaba.
ARIKÓN ¡Pues claro!
JOSÉ ¡Nada de claro,
que turbio y bien turbio era
lo que buscaba la dama!
Quería que le pusiera
los cuernos a su marido
mientras estaba en la guerra.
ARIKÓN Pues haberla complacido.
JOSÉ ¡Quita ya! Que cuando vuelva
Putifar es muy posible
que, si de todo se entera,
me mande colgar de un palo
como un chorizo cualquiera.
ARIKÓN ¿Pero es que ella te ha dicho?...
JOSÉ No hace falta que dijera,
porque con sus ademanes
y sus osadas maneras,
a las claritas decía
lo que de mí pretendiera.
ARIKÓN ¿Pero estás seguro de ello?
Mira que si luego fuera
que tú no has interpretado
sus deseos...
JOSÉ ¿No? Pues ella
ha querido desnudarme.
Conque si eso no es la prueba
de que el cuerpo la pedía
una miajita de juerga,
es que yo estoy medio ciego
o que me he vuelto chaveta.
ARIKÓN ¿Y cómo has escapado?
JOSÉ Corriendo como gacela,
mas después me han detenido,
con no muy buenas maneras,
acusado de querer
seducir a la doncella.
Y ante el Faraón, la Lota,
sin tener de mí clemencia,
me ha tachado de atrevido,
violento y sinvergüenza.
ARIKÓN ¿Y qué ha dicho el Faraón?
JOSÉ Que a él le dejaran de cuentas,
y que dejaba mi juicio
a capricho de la Reina.
¡Y aquí ha empezado la causa
de mi segunda tragedia!
ARIKÓN ¿Pues cuál castigo te impuso?
JOSÉ ¿Castigo? ¡Ojala fuera
que me hubiera castigado,
y hasta mandado a galeras!
Pero lo peor ha sido
que, entre la Lota y la Reina,
me han cogido por su cuenta,
como si fueran dos fieras,
para ver cuál de las dos
mis favores consiguiera.
ARIKÓN ¡La Reina también!
JOSÉ Si me descuido, me dejan
cual mi madre me pariera.
Se han puesto como dos fieras,
se han agarrao las melenas
y todo por disputarse
lo poco... que yo valiera.
ARIKÓN Sí que es serio.
JOSÉ Tú lo has dicho.
Y para mí no lo fuera
si yo no estuviera en medio.
ARIKÓN Escóndete.
JOSÉ Bien quisiera,
pero ¿dónde?
ARIKÓN En un sitio
donde seguro estuvieras.
Mi casa yo te ofrezco
para que vivas en ella.
Tengo una alcoba preciosa
puesta de forma coqueta,
con una cama muy amplia
y dos cojines en ella.
Allí estarás tan seguro
como en una fortaleza.
JOSÉ Pero ¿y tú?
ARIKÓN Boba pregunta.
Pues bien clara está mi oferta:
quiero que vivamos juntos
y que conmigo te entiendas.
JOSÉ ¿Qué dices? ¿Que yo contigo
formemos una pareja?
ARIKÓN De momento, los dos solos,
y después... con lo que venga.
JOSÉ ¡Tú estás loco!
ARIKÓN No tan loco.
JOSÉ ¡Pues sí que mi suerte es negra.
Todos queréis lo que nunca
creí que tanto valiera.
ARIKÓN Podíamos ser felices.
JOSÉ ¡Quita ya! ¡Pues bueno fuera!
¿Yo marica? ¡Antes capón
que rendirme a tu exigencia!
ARIKÓN Allá tú. Mas si en la corte
buscas alguna prebenda,
debes ser más... generoso
con lo poquito que tengas.

(Por la derecha aparecen la Reina y Lota que, al ver a José dan un grito como si hubieran encontrado un tesoro.)

LAS DOS ¡Allí está!
JOSÉ ¡Otra vez ellas!

ARIKÓN (Inclinándose.)

Señoras...
LOTA Dinos por qué
te has escapado, José.
REINA ¿No te parecemos bellas?
JOSÉ Sois las dos, dos perfecciones.
Pero, por favor os pido,
dad mi cariño al olvido
y comprender mis razones.
REINA Yo sólo entiendo una cosa:
¡que quiero que seas mío!
ARIKÓN ¡Por Osiris, vaya un lío!
Son las dos igual de ansiosas.
LOTA ¡Acariciarte yo espero!
REINA Y yo dormirme en tus brazos.
JOSÉ Antes que me hagan pedazos
¡pues pies para qué os quiero!

(Forcejean con ellas que se quedan entre las manos con toda la ropa de él menos un calzón corto. José sale corriendo por la izquierda.)

JOSÉ ¡Socorro!
LAS DOS ¡Ven a mi lado!

(Hacen mutis corriendo detrás de él.)

ARIKÓN ¡Por los dioses vaya apuro!
Como lo agarren, seguro
que lo dejan destrozado.

O S C U R O

(Se va haciendo transparente el telón, dejando ver unos telones de gasa transparente también, de un frondoso jardín de palacio.)


1910-2010: Cien años de... La corte de Faraón (X)


CUADRO CUARTO

"De capa caída"


Estancia regia del palacio de Faraón. En el fondo de esta estancia un hueco en medio punto y cuadrilongo, donde va un lecho de la época cubierto con tapices y pieles. A ambos lados de este hueco dos grandes pebeteros egipcios. El lecho estará sobre una grada de un peldaño. Esta grada la cubrirá un rico tapiz que baja hasta el centro de la escena. En los dos ángulos del fondo de esta decoración, dos estatuas egipcias de mármol negro. A la derecha gran ventanal, que se supone da a los jardines de palacio, por donde entrará luz del día que contrastará con la artificial de una lámpara egipcia que pende del techo de la estancia. A la izquierda, dos grandes puertas practicables. Todos los detalles arquitectónicos y de mobiliario a gusto del pintor.


(Faraón, tendido en el lecho, y a su lado de pié escanciándole en una copa con una ánfora, la Reina. Sobre el tapiz del centro y en actitudes artísticas Mujeres con trajes egipcios de hombre. Coperos del Rey con ánforas y vasos.)


M Ú S I C A

REINA Bebe, bebe, mi señor,
del rico vino de Antila
bebe y reposa que ya
amanece el nuevo día.
COPEROS Bebe el vino sabroso
vino rico y dorado
que en tus regios lagares
pisó el esclavo.
REINA Si quieres mi dueño
que arrullen tu sueño
de Nínive bella
canciones de amor
hermosas mujeres
que brindan placeres
vendrán a cantarte
su dulce canción.

(Hacen su entrada Sul, Salech, Amón y Coro de Señoras. Visten trajes de bohemios babilónicos. Llevan unos panderos triangulares con campanillas.)

De Nínive, do reina Sardanápalo,
venimos hoy aquí,
y al son de sus canciones melancólicas
cruzamos el país,
al aire resonando nuestros címbalos
a Menfis la inmortal,
SUL llegamos los cantores babilónicos
SALECH tras largo caminar.
AMÓN Andando,
BOHEMIOS llevando,
doquier
nuestra canción.
Cantando,
danzando,
moviendo
el tin tan ton.

SUL Una canción babilónica
voy a cantar.
CORO Toda la grey faraónica
te va a escuchar.
_____



SUL Son las mujeres de Babilonia
las más ardientes que el amor crea,
tienen el alma samaritana,
son por su fuego de Galilea.
Cuando suspiran voluptuosas
el babilonio muere de amor,
y cuando cantan ponen sus besos
en cada nota de su canción.
Ay, Ba... Ay, Ba...
Ay, Babilonio que marea.
Ay, va... Ay, va...
Ay, vámonos pronto a Judea.
TODOS Ay, va... Ay, va...

SUL (Suspiro.)
¡Ay!
Vámonos allá.
_____

Como las hembras de Babilonia
no hay otras hembras tan incitantes,
arde en sus ojos de amor la llama,
buscan sus labios besos amantes;
como palmeras que el viento agita
doblan si danzan sus cuerpos bellos
dando en sus giros al aire ardiente
la negra seda de sus cabellos.
Ay, Ba... Ay, Ba...
etc., etc.


H A B L A D O

REINA Basta. Callad, babilónicos,
que el Faraón se ha dormido.
SALECH Mi reina... pues que los Dioses
le den un sueño tranquilo,
aunque habiendo visto a estas
el tin tan ton... yo imagino
qué va a soñar el monarca,
y va a dar cada respingo
en el lecho, que ya ya.
AMÓN Siempre nos pasa lo mismo:
nos ve un monarca y se duerme.
SUL De gusto, no de aburrido.
SALECH Faraona... Osiris te guarde.
Niñas... Vamos despacito,
de puntillas, para no
despertar al rey egipcio.
Semíramis, diecisiete,
Babilonia. A tu servicio.

(Vanse de puntillas con música piano en la orquesta por la segunda izquierda.)

REINA (A los Coperos.)

Dejadme sola.

(Vanse los Coperos por la segunda. Mirando al Faraón dormido.)

¡Qué hombre!
¡Siempre borracho perdido!
¡Siempre durmiendo! ¡Por qué
me unieron a su destino,
para vivir sin amor,
sin halago y sin cariño!

(Por la derecha entra Lota muy agitada.)

LOTA ¡Justicia! ¡Favor!
REINA ¿Qué es esto,
Lota?
LOTA Amparo necesito.
¡Ay, gran señora!
REINA Más bajo
que duerme allí mi marido.
LOTA ¡Perdón!
REINA ¿Dime qué te pasa?
LOTA Señora... Un esclavo indigno
ha penetrado en mi alcoba
aprovechando un descuido,
sabiendo que estaba sola
porque a la guerra ha partido
aquel, que por pocas horas,
me habéis dado por marido.
REINA ¿Y qué te hizo?
LOTA Pensarlo,
porque no debo decirlo.
REINA ¿Te ha abrazado?
LOTA ¡Mucho más!
REINA ¿Te ha besado?
LOTA No os lo digo.
REINA ¡Pues acaba de una vez!
¿Qué te ha hecho ese bandido?
¿Tal vez te ha metido mano?
LOTA Pues todo lo que ha podido.
Y si no es porque he luchado
y he lanzado fuertes gritos,
a estas horas Putifar
se ha ahorrado un buen trabajito.

(Por la primera izquierda entra José, al que traen sujeto Selhá y Seti.)

LOTA (Señalándole y muy excitada.)

¡Y ahí le tenéis, señora!
¡Ese es el atrevido
que mi honor ha mancillado!

REINA (Aparte.)

¡Pues es guapo y jovencito!
LOTA Pido que le den castigo
por pretender...

JOSÉ (Protestando.)
¡Eso es falso!
¡Todo es mentira! Ella quiso
que yo la hiciera una cosa
que por vergüenza no digo.
Y como me negué...
SETI ¿Que te negaste?...
JOSÉ Repito
que así fue como pasó.

SELHÁ (Aparte a Seti.)

¡Es tonto este jovencito!
LOTA ¡Has abusado de mí!
JOSÉ ¿Yo? ¡Pues sí que estoy listo!

(Gritando.)

¡Todo es mentira, mentira!
LOTA Yo justicia necesito.
FARAÓN (Despertándose y bajando del lecho.)

¡Por los cuernos del Buey Apis!
¿Quién despierta al Rey de Egipto?

JOSÉ (Aparte.)

¡Caracoles!... Faraón.
REINA ¡Señor!... Aquí Lota vino
a pedir justicia.

FARAÓN (A Lota.)
Habla.
JOSÉ Quien va a hablar y muy clarito
soy yo.
SELHÁ ¡Silencio!
SETI ¡Silencio!
FARAÓN ¿Quién es este jovencillo?
LOTA El que estando yo en mi estancia
sola, porque a mi marido
le llamaron los clarines...
para hacer el ejercicio,
entró...
FARAÓN ¿Pero Putifar
en esos momentos críticos
de la noche de la boda
caso a los clarines hizo?
En tal caso, ni se oye
la trompeta del Juicio.
LOTA Pues se marchó al primer toque.
FARAÓN Prosigue. (¡Valiente primo!)
LOTA Entró en mi estancia este esclavo
y pretendió...
FARAÓN Comprendido.
LOTA Y me quedé con su capa
para probar su delito.
JOSÉ Se quedó, porque tiraba.
FARAÓN Basta; que en este litigio,
pues la ofendida es mujer,
también el juez determino
que lo sea. Tú, mi Reina,
escogerás el castigo.
Tengo dolor de cabeza
de los vapores del vino
y me voy a los jardines
a ver si a solas dormito.
TODOS (Saludando.)

¡Gran señor!
FARAÓN (¡Qué Putifar,
irse a hacer el ejercicio!)

(Vase segunda izquierda.)

REINA (Mirando a José.)

¡Qué hermosa presencia tiene!
LOTA ¡Que juzgues a este atrevido
te demando, gran señora!

JOSÉ (Aparte.)

¡Qué querrán hacer conmigo!

REINA (A Selhá y Seti.)

Soltadle.
SELHÁ Y SETI Ya está.
REINA Salid.
SELHÁ (Saludando.)

¡Señora!
SETI Con tu permiso.

(Vanse primera izquierda.)


M Ú S I C A

REINA Para juzgar
y sentenciar
quiero saber
lo que pasó,
precisa, pues
reproducir
lo que en tu estancia
sucedió.
LOTA Yo estaba muy triste
y llorosa estaba,
porque sin saberlo
algo me faltaba.


JOSÉ Yo entré a distraerla
y ella me miró,
yo bajé los ojos
y ella se acercó.
REINA Y al tener
junto a ti
a una hermosa
mirándote así
sentiste un no sé qué,
tan dulce sensación,
que hiciste con los brazos
lo mismo que hago yo.

(Le abraza.)

JOSÉ ¡Ay, señora,
no, señora,
qué manera
de apretar!
Pues, señor, aquí son todas
como las de Putifar.
LOTA Me parece, gran señora,
que esto va a acabar muy mal.
REINA Es que si no me entero bien
no puedo sentenciar.
LOTA Comprendo ya vuestro interés,
pero esto es abusar.
JOSÉ Me estoy temiendo yo que aquí
me ocurra algún percance a mí
y que mi decantada castidad
se perderá.
REINA Ven aquí, quiero yo.
LOTA No desdeñes mi amor.
REINA Soy la Reina y lo mando.
LOTA Pero él es mi esclavo.
JOSÉ Por Dios,
si no quise con una
¿cómo he de atreverme con dos?
LAS DOS Ven aquí. Mírame,
no te sientas tan casto, José.


ELLAS

Mis brazos te darán
caricias y calor.
Ven junto a mí.
Las dos así.
Gocemos de mi
eterno amor.
Un eterno amor
podemos disfrutar
mi bien que es el placer mayor.
ÉL

Al fin conseguirán
que muera de rubor.
¡Pobre de mí!
Las dos aquí.
Al fin me sacan el color.

Esto es un horror.
Yo creo que no salgo bien
con eso del amor.


H A B L A D O

LOTA Yo he venido a que lo juzgues.
REINA Pues mira, yo le perdono.
LOTA ¿De veras?
REINA Y tan de veras.
LOTA ¿Sabes que me dan antojos
de perderte aquí el respeto
y de señalarte el rostro?
REINA Putifara, cállate
que me dan náuseas y todo
y si dejo de ser reina
y desciendo de mi trono
te va a pesar.
LOTA ¡A mí, Menfis!
JOSÉ Se van a arrancar el moño.
¡Nobles egipcias, por Isis,
por Anubis!... ¡Por el toro
sagrado... qué vais a hacer!
Señoras... poquito a poco...
siquiera por las Pirámides
un poquito de decoro.
REINA Vaya, se acabó. A José
a mi servicio lo tomo.
Ni más, ni menos... ¿Te enteras?
LOTA A ese le compró mi esposo
para que a mí me sirviera.

REINA (Cogiendo a José.)

¡Ven por él!
JOSÉ ¡Ay qué sofoco!

LOTA (El mismo juego.)

Este es mío y retemío.
REINA ¡Generala!...
LOTA ¡Reina!
JOSÉ Corro
y salto por la ventana
porque si no, no respondo.

(Va hacia el ventanal y le detienen.)

REINA No te tires.
LOTA No te tires.

(Tirándole de las vestiduras.)

JOSÉ ¡Ay!... ¡Que me lo rompen todo!


M U T A C I Ó N

1910-2010: Cien años de... La corte de Faraón (IX)


CUADRO TERCERO

"La capa de José"


Antecámara nupcial en el palacio del general Putifar. Puertas laterales y todo el fondo abierto figurando una terraza que da sobre las orillas del río Nilo, en cuyas aguas riela la luna. Vegetación frondosa. En la estancia muebles de la época, riquísimos. Pieles, armas, tapices, pebeteros, etc.


(Aparece Lota con traje blanco egipcio, sencillo, pero algo provocativo. Se halla echada a la derecha sobre un estrado, con pieles y almohadones. Cuatro Esclavas abanicándola. Otras encendiendo los pebeteros. Otras tocando arpas pequeñas. Raquel pulsando también el arpa. Esclavas egipcias bailando en el centro de la escena al compás de los cantos de Raquel. Luego José, Ra, Sel y Ta, viudas egipcias.)


M Ú S I C A

RAQUEL La luz de la luna
se quiebra en el Nilo.
El Ibis sagrado
los aires cruzó.
Azul brilla el cielo,
la flor dio su aroma,
la brisa murmura
canciones de amor.
_____

Danzad, hijas del Nilo,
ESCLAVAS danzad al dulce son
RAQUEL del arpa que acompaña
de amores la canción.

JOSÉ Tres viudas de Tebas
quieren penetrar.

LOTA (Como recitando.)

Franca está la puerta,
pueden pasar.
RAQUEL Siempre que en Egipto
casa una doncella,
vienen tres viudas
a explicarle a ella
las obligaciones
que deben tener
en el matrimonio
marido y mujer.

VIUDAS (Saliendo.)

Salud a la doncella
hermosa como el día.
Que Anubis te proteja
y Osiris te bendiga.
_____

Al pasar de soltera a casada
necesitas de preparación;
óyenos, porque somos viudas
y sabemos nuestra obligación.
Es muy duro
y molesto, yo te lo aseguro,
y muy pronto,
y muy pronto lo vas a saber;
el derecho, el derecho,
el derecho que tiene el marido
sobre su mujer.
Al marido después de la boda,
nada, nada se debe negar,
pues con él en la casa entra toda,
pero toda su autoridad.
Y aunque llanto,
aunque llanto al principio te cueste,
que él te trate,
que él te trate con mucha dureza,
si le sabes seguir la corriente
pues al fin bajará la cabeza.
Sé hacendosa,
primorosa,
dale gusto
siempre cariñosa.
Muévete
para que
lo que pida
dispuesto ya esté.
Cuídalo,
mímalo,
no le digas a nada
que no.
Y con estas ligeras nociones
de moral que te damos aquí,
tú verás cómo te las compones
para hacer a tu esposo feliz.
TODAS (Menos Lota.) Sé hacendosa,
primorosa,
dale gusto
siempre cariñosa.
Muévete
para que
lo que pida
dispuesto ya esté.
Cuídalo,
mímalo,
no le digas a nada
que no.
LOTA ¿No?
VIUDAS No.


H A B L A D O

LOTA (Levantándose.)

Seguiré vuestros consejos
que no he de olvidarlos nunca.
RA La práctica enseña mucho
y nada se nos oculta,
pues del matrimonio somos
tres veteranas viudas.
SEL Verás cómo el matrimonio
no es ninguna ciencia infusa.
LOTA Pues yo de él tengo formada
una idea tan oscura,
que todos mis pensamientos
son misterios y son dudas.
TA Es porque ahora ves el cielo
lleno de nubes y brumas
y no puedes ver sus astros
de refulgente hermosura.
RA Mas ya verás las estrellas
en cuanto salga la luna
y rompa el tenue celaje
que el cielo de amor te oculta
y una vez roto, verás
que todo es luz y ventura.
RAQUEL ¡Cómo saben! ¡Qué bien hablan!
¡Qué experiencia tan profunda!
LOTA ¿Vosotras lo sabéis todo?
LAS TRES Pero todo.
LOTA Ya segura
miro mi felicidad.
RA ¡Que el Ibis te dé una luna
de miel eterna!
SEL ¡Que Osiris
haga no se canse nunca
tu esposo!
TA ¡Que el Dios sagrado
os dé fuerzas en la lucha
de la vida!

PUTIFAR (Dentro.)
¡Pepe!
LOTA (Asustada.)
¿Quién?
RAQUEL Es tu esposo que te busca.

(Entran Putifar y José. El primero con casco y coraza.)

RA Y armado de todas armas.

PUTIFAR (A las Viudas.)

¿Quiénes sois?
RA Las tres viudas
de costumbre, General.

PUTIFAR (Aparte.)

Me partieron.
LAS TRES Que su ayuda
te den los dioses.

(Saludan y se van.)
PUTIFAR ¡Adiós!
RAQUEL Envidiamos tu ventura.

(Vase con las Esclavas.)

PUTIFAR Dulce Lota... ¡Esposa mía!
LOTA Putifar...
PUTIFAR ¡Mi bien!
JOSÉ (Aparte.)
¡Caramba!
(Alto.)

¿Necesita algo el señor?
PUTIFAR Desármame.
JOSÉ ¿Yo?
PUTIFAR ¿Qué tardas?
JOSÉ Pensé que no iba conmigo.
PUTIFAR Que me quites estas armas.
JOSÉ Allá voy... (Aparte.) ¡Qué prisa trae!

(Le quita las armas, etc.)

LOTA (Al fondo.)

Ya la luna se levanta,
pronto romperá el celaje
su puro rayo de plata.
JOSÉ Ya está, ¿me retiro?
PUTIFAR Claro.
JOSÉ ¿Vas a tomar algo?
PUTIFAR Nada.
JOSÉ Bueno. Pues muy buenas noches...
Que ustedes descansen.
PUTIFAR Gracias.

(Saluda José y hace mutis.)

LOTA (Pausa. Sentándose en el estrado.)

¡Hermosa noche!

PUTIFAR (De pie y paseándose.)

¡Magnífica!
LOTA No hace ni calor ni nada.

PUTIFAR (Aparte.)

¿Con qué entretengo yo a ésta
hasta que toquen diana?
LOTA ¿No te sientas, Putifar?
PUTIFAR El que venció en cien batallas
sobre su potro de guerra
y a pie, cuando le faltaba...
no necesita sentarse.
Un guerrero no se cansa.
LOTA Que eres fuerte y vigoroso
tu gallardía declara.
PUTIFAR Mis conquistas bien lo dicen,
bien lo pregona mi fama.
LOTA ¿Conquistas de amor?
PUTIFAR De guerra.
Te contaré mis hazañas
que son muchas.
LOTA Como gustes.
Pero no serán muy largas.
¿No es verdad?
PUTIFAR No. Regulares.
LOTA (Como resignada.)

Entonces bueno.

PUTIFAR (Aparte.)
Se escama.
(Alto.)

Yo en la Siria por asalto
sólo no más con mi lanza,
entré en una ciudadela
donde estaban encerradas
mil doncellas muy hermosas.
Los hombres que las guardaban
eran muchos, pero pronto
a mi empuje y mi arrogancia
cayeron.
LOTA ¿Y las doncellas?
PUTIFAR Me las traje para casa,
las bañaron en el Nilo
y las hice mis esclavas.
Unas cuantas regalé,
me quedé con otras cuantas,
y aunque soy duro en la guerra
soy muy blando con las damas.
Quedé como un caballero
en aquellas circunstancias.
LOTA Pero ven, ven a mi lado.
PUTIFAR Voy.

(Se sienta.)

LOTA ¿No me miras?
PUTIFAR Estaba
recordando lo que hice
allá en la Mesopotamia.
LOTA Tú no haces más que contarme
hazañas y más hazañas
y mi corazón espera
de ti amorosas palabras.
PUTIFAR ¿Palabras dices?... Pues oye...
Mi corazón y mi espada,
mis laureles y mi nombre
todo lo pongo a tus plantas.
Lo poco que tengo... es tuyo.
LOTA No será tan poco...

PUTIFAR (Aparte.)
Vaya.
Aquí la conversación
es lo que hace menos falta...
Y ese Selhá, que no viene...
y Seti que no me llama,
y estoy haciendo un papel...

LOTA (Muy cariñosa.)

¿Qué te ocurre?... ¿Qué te pasa?
¿Te pones malo?... ¿Qué tienes?
PUTIFAR ¡Mujer!... Que no tengo nada,
¿cómo lo voy a decir?
LOTA ¡Putifar!...
PUTIFAR ¿Qué?
LOTA No me amas.
Yo no sé qué noto en ti.
No arde en tus ojos la llama
del amor... Tú no me quieres.
PUTIFAR ¡No me digas eso... calla!
¿Que no te quiero?... ¿Por qué?
¡Sí que te quiero, mi alma!
Y dice que no la quiero...
¿No he de quererte... serrana?

LOTA (Ciñéndole con los brazos.)

Así le gustas, así
a tu esposa enamorada.
PUTIFAR ¡Dioses, haced un milagro!

(Suenan dentro clarines tocando diana.)

LOTA ¿Cómo?

PUTIFAR (Separándose de Lota rápidamente y levantándose.)

¡Por fin! ¡La diana!

(Empieza a clarear por el foro.)

LOTA ¿Qué es eso, mi bien querido?
PUTIFAR Son las tropas que me llaman.
Tengo que partir, mi bien,
dispensa si te hago falta.
Lo siento... pero me marcho.
LOTA ¡No te vayas!... ¡No te vayas!...
PUTIFAR ¡No hay más remedio!... Me voy,
me lo ordena la ordenanza.

(Hacen entrada Selhá y Seti.)

SELHÁ ¡Señor!... Tu caballo espera.
SETI ¡Señor!... Tus tropas te aguardan.
PUTIFAR ¿Lo ves? Me están esperando.

LOTA (Cae sobre los almohadones del estrado.)

¡Y yo estoy desesperada!

PUTIFAR (A Selhá y Seti, a tiempo que hace mutis.)

¡Maldita aquella saeta!
SELHÁ ¡Tiró a dar el que tiraba!

(Sale Putifar.)

SETI ¡Bonita noche de bodas!
SELHÁ ¡Era cosa descontada!

(Salen los dos.)

LOTA (Con tristeza.)

Ya amanece, y por Oriente
se tiñe el cielo de grana.
Nunca pensé que la aurora
me cogiese levantada.

(Da un suspiro enorme y hace mutis muy pesarosa. Por el lado contrario entra José, al que trae de la mano Arikón.)

ARIKÓN Pasa, pasa y no lo pienses,
que otro remedio no queda.
Ha mandado Putifar
que rápidamente vengas
a entretener a su esposa
ya que, al marchar a la guerra,
a la bellísima Lota
muy triste y llorosa deja.
JOSÉ ¿Y qué tengo yo que hacer
para que ella se entretenga?
ARIKÓN ¡Ay, hijo! ¡Pues no eres torpe!
Haces... aquello que sepas.
La cuentas cuentos, la bailas,
la tocas...
JOSÉ Para la cuenta,
que me parece te metes
en cosa que no te peta.
El contar cuentos... podría;
el bailarla... bueno fuera;
¡pero tocarla!...
ARIKÓN No temas,
¿es que acaso no conoces
a la que va a ser tu dueña?
JOSÉ Pues claro que la conozco.
ARIKÓN ¿Y no la encuentras muy buena?
JOSÉ Eso es según el sentido
que a la frase des.
ARIKÓN Espera.
¿Tú estás completo, verdad?
JOSÉ Hombre... yo tengo dos piernas,
dos brazos, una nariz....
ARIKÓN Y lo demás que te cuelga.
Pues esas dotes que tienes
son las que Lota desea.
JOSÉ ¿Y tú quién eres que a mí
esas cosas recomiendas?
ARIKÓN Yo soy el que en esta corte
usan de muchas maneras.
Llevo recados y traigo
la respuesta más certera,
y si escucho ciertas cosas
las matizo a mi manera.
Yo soy el que aquí...
JOSÉ No sigas,
que es tonto el que no lo entienda:
tú eres un correveidile
y una cotilla cualquiera.
ARIKÓN ¿Y qué quieres, si la vida
yo la entiendo a mi manera?
Para vivir en palacio
hay que medrar como sea.
JOSÉ Pero la vida no es eso,
y el medrar es cosa fea.
Hay que buscar el amor,
la amistad y la belleza.
ARIKÓN Pues mi amistad yo te ofrezco.
Y en cuanto al amor que esperas,
también yo puedo ofrecerte
algo que te conviniera.
JOSÉ ¿Qué dices? ¿Acaso tú
con las mujeres?...
ARIKÓN Despierta
que estás dormido. ¡Un asquito
es lo que a mí me dan ésas!
Y por Osiris te juro
que ninguna me camela.
Prefiero un mancebo joven,
que tenga buena presencia,
con fuerte musculatura
que se le note a la legua.
Y como Arikón me llamo,
te digo que a mí las nenas
no me hacen ni fu ni fa
por mucho que lo pretendan.
JOSÉ ¿Cómo has dicho que te llamas?
ARIKÓN Soy Arikón.

JOSÉ ¿Arikón?
Pues por poquito no aciertan.
Con una eme delante
tu nombre completo queda.
ARIKÓN Calla, que siento rumores
como de alguien que se acerca.
JOSÉ Será Lota.
ARIKÓN Pues ya sabes
lo que Putifar espera
de ti.
JOSÉ Que con mis encantos,
y mientras él está fuera,
aunque su cabeza adorne,
a su señora entretenga.
ARIKÓN Pues buena suerte, José,
y mis palabras recuerda:
si quieres algo conmigo,
porque mi amistad deseas,
me llamas y ya verás
lo contentito que quedas.

(Le tira un beso y hace mutis dando saltitos. José se arregla la túnica. Por donde hizo mutis sale Lota.)

JOSÉ (Inclinándose.)

Señora...
LOTA ¿Qué haces tú aquí?
JOSÉ Esperarla.
LOTA ¿Para qué?
¿Por qué me esperas, José,
y qué quieres tú de mí?
JOSÉ Cuando partió tu señor
me mandó que aquí viniera
y compañía te hiciera,
porque no pases temor
estando sola.
LOTA José,
pues lo mandó mi marido
y a acompañarme has venido
pues entretenme.
JOSÉ ¿Con qué?
¿Con unos cuentos?... Por cientos
los sabe José, señora.
LOTA No quiero cuentos ahora;
todos me vienen con cuentos.
JOSÉ Pues la señora dirá
cómo quiere entretenerse;
sobre qué quiere que verse
lo que hablemos.
LOTA Ven acá.
Siéntate, José, a mi lado.
JOSÉ Pero...
LOTA Yo te lo permito.
JOSÉ ¿Y si viene el señorito?
LOTA No viene, si está ocupado.

JOSÉ (Sentándose.)

Bueno, pues ya estoy aquí.
LOTA Más cerca.
JOSÉ ¡Dios de Israel!
LOTA Yo con mi esclava Raquel
hace tiempo que te vi.
JOSÉ ¿En dónde?
LOTA Pues en Harán...
De una cisterna salías.
JOSÉ ¡Ay!... Entonces me verías
vistiendo el traje de Adán.
¡Qué vergüenza!
LOTA A mí me dio
también en aquel instante
porque me fijé bastante
mas luego se me pasó.
JOSE Claro.
LOTA Y di, joven hebreo,
aunque esté mal preguntado,
¿eres muy enamorado?
JOSÉ ¿Yo, señora?... Eso es muy feo.
LOTA ¡Qué tontería!... ¿Por qué?...
JOSÉ Ruborizándome estás...
porque no sé si sabrás
que soy el casto José.
M Ú S I C A

JOSÉ Yo soy el casto, yo soy el casto,
yo soy el casto, casto José,
pastor he sido y entre rebaños
desde pequeño pastoreé.
LOTA ¿Y en la montaña como en el prado
no turbó nunca tu soledad
ni un pensamiento de enamorado
que te dijera debes amar?
JOSÉ Yo tocaba la flauta
y el caramillo
y a mi lado triscaban
los cabritillos.
No pensaba en amores
por ser pecado
y además porque estaba
muy ocupado
en que no se me fuera
ni un corderito
y no se me perdiera
el pobrecito.
LOTA Qué inocencia tan hermosa,
no se encuentra un hombre así;
un mancebo tan honesto
yo quisiera para mí.
JOSÉ ¿Para ti?
LOTA ¡Para mí!
Porque yo, como tú, soy así.
Ven, José.
Ven acá.
Qué es amor
yo te voy a explicar.
Porque creo
que el amor debe ser cosa rica.
¡Ay! ¡Hebreo!
debe ser un bichito que pica.
Un bichito que da un hormigueo
sin saber en el sitio en que está
y que enciende en el alma un deseo
que fatigas de muerte nos da.
JOSÉ Yo no sé
qué será,
de esas cosas
estoy en la a.
Por favor,
sí, señor.
No te acerques
porque hace calor.
LOTA Déjame que te diga dulces palabras.
Déjame que te ciña con dulces lazos.
Déjame que en tus ojos mis ojos mire
y de amor la cadena formen mis brazos.
JOSÉ Déjame por Osiris, porque me azoras,
déjame por el Ibis y por Anubis,
el amor que me pides en vano imploras.
Déjame y no me hagas entrar por uvis.
LOTA Ven, José,
quiero yo.
JOSÉ No me cojas la capa,
que no.
LOTA Ven, José,
ven acá,
que la flor misteriosa del Loto
para ti será.
JOSÉ Quítate,
déjame,
no me cojas la capa
otra vez.
LOTA ¡Pepito!
JOSÉ ¡Chitito!
Déjame, déjame, déjame.
LOTA ¿Por qué?
JOSÉ Porque yo soy el casto, yo soy el caso,
yo soy el casto, casto José.


H A B L A D O

LOTA ¿Cómo tu pecho desdeña
esta amorosa pasión?
O no tienes corazón
o será de bronce o peña.

JOSÉ (Aparte.)

Y como guapa es muy guapa.
LOTA (Tirándole de la capa.)

¿Qué es lo que dices, José?
JOSÉ Pues digo, señora... que
no me tires de la capa.
LOTA Si es que detenerte quiero.
JOSÉ ¿De veras?... Ya lo entendí.

(Medio mutis.)

Vuelvo...

LOTA (Agarrándose a la capa.)

José, ven aquí,
porque si te vas me muero.
JOSÉ ¡Suelta!
LOTA ¡No! ¡No he de soltar!
¡Que no!
JOSÉ ¡Que sí!
LOTA ¡Que no!
JOSÉ Quita.

(Dando la vuelta y abandonando la capa en manos de Lota.)

Ahí te queda la capita...
¡Socorro!...

(Sale corriendo.)

LOTA (Con la capa en la mano.)

¡Me he de vengar!
¡Esclavos!... ¡A mí, favor!...

(Selhá, Seti, Raquel y cuatro Esclavos.)

SELHÁ Y SETI ¡Señora!
RAQUEL ¿Qué ha sucedido?
LOTA Que aquí un esclavo atrevido
atentó contra mi honor.
Con el infame luché,
pero el infame se escapa
dejándome aquí su capa.

(Mostrándola a todos.)

TODOS ¡Oh!... ¡La capa de José!
LOTA Sí... prendedle sin tardar
y que pague con la vida.
¡Pronto! Lo manda ofendida
la mujer de Putifar.

(Toma una actitud de figura bíblica. Todos se inclinan. Se oyen unas trompetas y cruza la escena un pelotón de soldados armados, que hacen una reverencia a Lota y parten a buscar a José. La orquesta ataca fuerte la marcha de la obra.


T E L Ó N

1910-2010: Cien años de... La corte de Faraón (VIII)


CUADRO SEGUNDO

"Preparar la novia"


Un telón corto que represente una galería del Palacio. O, sobre una cortina, un rompimiento de arcos y estatuas que den el ambiente deseado.


(En un lado de la escena Arikón. Es un personaje de la corte que hace de todo. Va muy acicalado y habla un poco afeminado. Por la izquierda entran Raquel y Artemisa. Llevan unos pebeteros y frascos con esencias.)


H A B L A D O

ARTEMISA Vamos, Raquel; date prisa
porque la noche no espera,
y hay que preparar a Lota
para el momento que llega,
con todo lo necesario
que realce su belleza
y que Putifar admire
lo que esta noche le entrega.

RAQUEL Tienes razón, Artemisa.
Mas la duda que me queda
sigue clavada en mi pecho,
aunque quitarla quisiera.
¡Ojala que Putifar
la deje satisfecha
con su cariño! Y el resto,
será lo que Osiris quiera.

(Van a hacer mutis y Arikón, que ha oído lo que han dicho, las detiene.)

ARIKÓN Un momento, bellas damas:
aunque escuchar no quería
he oído unas palabras
que me sonaban a queja,
y sin yo querer oírlas
me han causado mucha pena.
ARTEMISA ¿Y qué has oído, Arikón?
ARIKÓN Algo así como que ésta

(Señala a Raquel.)

teme que Lota, esta noche,
no alcance dicha completa.
ARTEMISA ¿Y por qué no va a alcanzarla?
ARIKÓN Eso digo yo... Pero ella
debe saber algo más...
algo más que yo no sepa.
Y no es que sea cotilla,
pero la duda me queda
de si es que sabéis un chisme
del que no me han dado cuenta.
ARTEMISA No hay ningún misterio en esto
ni nada que tú no sepas.
RAQUEL Es sólo un presentimiento.
ARIKÓN Pero ¿por qué? ¿Te das cuenta
del gachó que va a llevarse
como marido? ¡Contempla
lo guapo que es y lo fuerte!
Que también la fortaleza
cuenta en noche como esta
para completar la fiesta.
RAQUEL Arrogante sí lo es.
ARIKÓN Arrogante lo es cualquiera.
Pero ¿es que no te has fijado
en su cuerpo? ¿No lo encuentras
hecho igual que las estatuas,
con esa cara tan bella
y ese pecho, que es un pecho
que al mirarlo pide guerra?
¡Y si las manos son fuertes
los brazos con como piedra!
¡Y si al bajar la mirada
te recreas en las piernas,
verás que son dos columnas
cual las que el templo sustenta!
Y si es que sigues mirando...
ARTEMISA ¡Para, para, que te ciegas!
Te has fijado demasiado.
Detallas más de la cuenta:
¡que si el pecho, que la cara,
que los brazos!... Nada dejas.
Y si sigues describiendo
te paras en la entrepierna.
Vamos, Raquel, y dejemos
a este loco con su tema.

(Hacen mutis. Arikón las ve ir y dice:)

ARIKÓN ¿Loco yo? ¡Qué malas lenguas!
Como si yo no supiera
en la fiesta de esta noche
lo que a Putifar le espera.
Pues si en el lecho se porta
como se porta en la guerra,
la novia lo va a pasar
de eso que dicen bandera.
¡Qué noche, válgame Osiris!
¡Ay, quién pudiera ser ella!

(Mutis.)


M U T A C I Ó N

1910-2010: Cien años de... La corte de Faraón (VII)


Ofrecemos a partir de hoy en nuestra página, la versión teatral que de la centenaria obra del maestro Lleó realizó el comediógrafo y empresario Manuel Paso.



ACTO ÚNICO



CUADRO PRIMERO

"¡Ritorna vincitor!"


Gran plaza pública de Menfis, engalanada para una gran fiesta. Edificios característicos de la época. A la derecha del actor, tribuna egipcia con dosel para los reyes. Sillones, alfombras, etc. A la izquierda, entrada y fachada de un templo egipcio. Al fondo, y a lo lejos, obeliscos, estatuas, esfinges, etc., y en último término las Pirámides. Libres las cajas y parte del fondo. Luz rojiza de la tarde.


(Al levantarse el telón aparecen el Faraón y la Reina sentados bajo el dosel de la tribuna. Dos Esclavas egipcias les espantan las moscas con abanicos de plumas de colores. Cuatro Soldados egipcios dan guardia de honor a la tribuna regia. El Copero de Su Majestad al pie del trono. Frente a la tribuna, delante del templo y llenando la escena, Pueblo egipcio. Hombres y Mujeres con diversos y característicos trajes.)


M Ú S I C A

CORO ¡Victoria! ¡Victoria!
para el triunfador
que a Siria de Menfis
las armas llevó.
¡Victoria! ¡Victoria!
laureles y honor
y Osiris proteja
al gran Faraón.
FARAÓN Gracias, amado pueblo,
los vítores guardad,
hasta que a Menfis llegue
el bravo general.
CORO ¡Putifar! ¡Putifar!
¡Gloria a Putifar!
FARAÓN ¡Gloria a Putifar!
COPERO El Gran Sacerdote
ya viene hacia aquí,
del templo de Isis
dejadle salir.

CORO (Arrodillados.)

¡Isis, Isis! ¡Diosa,
da tu protección
al pueblo de Egipto
y a su Faraón!

(Empieza a salir la comitiva del templo: Sacerdotes, Lota, Raquel, Artemisa, Esclavas y Sacerdotisas.)

SACERDOTE La casta doncella
más pura que el loto
que a orillas del Nilo
ofrece su flor,
el templo abandona
y espera inocente
del bélico esposo
los besos de amor.

REINA (A Lota.)

Compañera vas a ser
del valiente Putifar,
que triunfante
en cien batallas
ahora a Menfis
va a llegar.
CORO ¡Putifar! ¡Putifar!
¡Gloria a Putifar!
LOTA De Tebas soy yo,
en Tebas nací.
La Virgen de Tebas
me llaman a mí.
CORO Virgen es,
Virgen es;
cuando en Tebas lo dicen
es que en Tebas lo deben saber.
LOTA En el templo de Isis
purificada,
por las aguas de Nilo
fresca y bañada.
SACERDOTE Ya veis que la doncella
de pura frente;
no le falta nada
absolutamente.
RAQUEL Del noble guerrero
la esposa serás;
tu esclava primero,
plácemes te da.
TODOS Del noble guerrero
la esposa serás,
el pueblo de Egipto
plácemes te da.
En el templo de Isis
purificada,
por las aguas del Nilo
fresca y bañada.

UNO (Hablado.)

¡Viva Putifar!
TODOS ¡¡¡Viva!!!

(Suenan dentro las trompetas de las tropas que regresan.)

Ya de las trompetas
ecúchase el son.
Ya llega el caudillo
siempre vencedor.
SACERDOTE ¡Ritorna vincitor!
TODOS ¡Ritorna vincitor!
¡Victoria, victoria
para el vencedor,
que a Siria de Menfis
las armas llevó!

(Aparecen Guerreros con lanzas, trompetas, estandartes y banderas. Palanquín con el botín de guerra. Esclavas nubias. Palanquín de Putifar, Selhá, Seti, Esclavos y Guerreros.)

¡Victoria, victoria,
laureles y honor,
y Osiris proteja
al gran Faraón!
FARAÓN Mis brazos te reciben
valiente Putifar.
PUTIFAR ¡Salud, oh, soberanos,
salud en general!
TODOS ¡Salud, salud
al héroe de la guerra y la virtud!
REINA Esposa te concedo
en premio a tu valor.
Hermosa es la doncella,
tesoro de candor.
PUTIFAR ¡Horror!
SELHÁ ¡Horror!
SETI ¡Horror!
SELHÁ Y SETI Está para doncellas el señor.
PUTIFAR Herido vengo de la campaña,
para casarme no estoy muy bien,
pero lo ordena mi soberana,
y pues lo manda me casaré.
SACERDOTE Aquí está la doncella.
LOTA ¡Señor!
PUTIFAR ¡Qué hermosa es!
Maldita la saeta...
SELHÁ Y SETI ¡Y a dónde a darle fue!
SACERDOTE El templo nos espera.
FARAÓN Al templo sin tardar;
después de que te cases
te voy a coronar.

(Van saliendo todos haciendo mutis por el templo. Artemisa va a entrar también, pero al ver a Raquel que se queda, se vuelve y la pregunta.)

H A B L A D O

ARTEMISA ¿Es que no entras con tu ama
para ver el casamiento?

(Selhá y Seti, se quedan detrás de unas columnas, y durante la escena que sigue se asomarán de vez en cuando para escuchar lo que hablan.)

RAQUEL Prefiero no contemplarlo
pues, de tanto que la quiero,
me ofrecen dudas las prisas
de esta boda. Y no comprendo
hacerla en tan poco tiempo.
Un marido la han impuesto
sin conocer, hasta ahora,
al que debe ser su dueño.
ARTEMISA ¿No te agrada Putifar?
RAQUEL Sí me gusta, mas no es eso;
ya que para mí el amor
es un dulce sentimiento
que no brota de improviso,
y necesita su tiempo
para ser fruta madura.
Y que antes del casamiento
haya habido entre los novios
un conocerse primero,
un cruzarse de miradas,
y el escuchar un “te quiero”
que queda luego sellado
con el chasquido de un beso.
ARTEMISA ¿Y qué temes?
RAQUEL No lo sé.
Es un mal pensamiento.
Nos han traído de Tebas
tan sólo por el deseo
de Faraón, que ha querido
obsequiar a su guerrero
con la doncella más pura
que ha encontrado en todo el reino,
para casarlo con ella
y ofrecérsela de premio.

ARTEMISA Pues olvida esos temores,
Raquel, y por un momento
piensa que Lota se casa
con aquel que pretendieron
las más bellas, de las bellas
doncellas que hay en el reino.
RAQUEL ¿Serán felices?
ARTEMISA ¡Seguro!
RAQUEL ¿Y se querrán?
ARTEMISA Lo presiento.
RAQUEL ¿Y tendrán hijos?
ARTEMISA Pues claro:
cuatro hijos por lo menos.
RAQUEL Gracias, Artemisa, gracias;
vas a conseguir que el viento
se lleve las nubecillas
de mis malos pensamientos.
ARTEMISA Pues desecha tus temores
y vamos a entrar al templo.

(Hacen mutis las dos por la puerta del templo. Selhá y Seti, que han oído toda la conversación, avanzan y dicen:)

SETI Selhá, ¿qué dices a esto?
SELHÁ Seti, ¿qué quieres que diga?
Que me parece un presagio
lo que esa joven decía.
¡Porque lo de cuatro hijos...
más que cuento es fantasía!
SETI Y cuando Lota se entere
de que una flecha maldita,
a Putifar lo ha dejado
sin aquello que en la vida
le permite a un buen esposo
demostrar que...

SELHÁ (Mandándole callar.)

¡Chist! No sigas,
que aunque no vemos a nadie
no sabemos si hay espías.
SETI ¡Qué lástima de doncella!

SELHÁ ¡Pobrecita!
SETI ¡Pobrecita!
SELHÁ ¡Y mira que ella está buena!
SETI ¿Cómo buena? ¡Está muy rica!
SELHÁ Pero, ¿cómo Putifar,
teniendo tan grave herida...
después de la operación
se casa con esa niña?
SETI Selhá que yo no lo entiendo.
SELHÁ Esto, Seti, no se explica.
SETI Quizá aguarde de los dioses
un milagro.
SELHÁ Es infinita
de los dioses la grandeza.
Su poder nos maravilla.
Corta en el campo un rosal,
y si de dejarle cuidas
una o dos yemas, pues crece
y el milagro se realiza
de verle en la primavera
cuajado de rosas lindas
y de capullos hermosos:
pero hay cosas en la vida
que se cortan y no salen
aunque los dioses lo digan.

(Ruido por el fondo.)

SETI (Yendo al foro.)

¿Pero quién llega? Silencio.
SELHÁ Unos cuantos ismaelitas.

(Ismael, acompañado de dos Ismaelitas, y José por el fondo.)

ISMAEL ¡Salud, egipcios!
SELHÁ Y SETI ¡Salud!
JOSÉ Salud, y muy buenos días.
SELHÁ ¿A dónde vais?
ISMAEL Al mercado.
A vender...
SETI ¿Qué mercancía?

ISMAEL (Señalando a José.)

Está de venta este hebreo.
Nos lo vendió su familia.
JOSÉ Mis hermanitos, que son
la peor granujería
de toda Mesopotamia.
Yo no sé si por envidia
de ser más guapo que ellos,
o porque todas las chicas
me miraban al pasar
de un modo que me comían,
aunque yo no las miraba
porque bajaba la vista,
porque soy Casto de mío...
me hicieron mil perrerías
porque le dije a mi padre
lo que los tunos hacían,
que era atracarse de frutas
siempre que a los campos iban,
y porque en otra ocasión
le referí lo que había
soñado la noche antes,
que fue que, atando gavillas,
las suyas de doblegaban
levantándose la mía...
me cogieron, me llevaron,
me dieron una paliza,
y después, en cuerilatis,
que cualquiera se constipa,
me echaron a una cisterna
entre jaleos y risas.
Y con tan mala fortuna
de que, estando en esa guisa,
pasaron varias señoras
que de camino venían;
y al no tener en mi cuerpo
ni siquiera la camisa,
me vieron aquellas cosas
que, vergüenza da decirlas,
aunque yo quise ocultarlas,
me las vieron muy bien vistas.
ISMAELITA 1.º ¡Y muy bien que se fijaron!
ISMAELITA 2.º ¡Y muy bien que se reían!
JOSÉ Y después a estos tunantes,
que dicen son ismaelitas,
me vendieron lo mismito
que si fuera una gallina,
por veinte siclos, que son,
mal contados y de prisa,
ciento cincuenta reales
del dinero de Castilla.
SELHÁ ¡Pobre mancebo!

SETI (A Ismael.)
¿Es muy caro?
ISMAEL Queremos darle salida.
Por treinta siclos se vende.
JOSÉ ¿Soy hombre o soy baratija?
SELHÁ Para nosotros no es.
Mas quizás le convendría
al general Putifar,
como pinche de cocina.
JOSÉ Bueno, pues haré de pinche
que eso ni corta ni pincha.
SELHÁ Se oye rumor en el templo.
SETI Ya sale la comitiva.

(Por su orden el Faraón y la Reina, Putifar y Lota, Esclavas, Raquel y Artemisa, Copero y el Gran Sacerdote; Sacerdotisas, Guerreros y Pueblo.)


M Ú S I C A

TODOS Ya la ceremonia
terminada está.
Ya tiene señora
el Gran Putifar.
FARAÓN Bien venido,
bien casado
y que sea para bien.
REINA ¡Que los dioses te concedan
larga luna y mucha miel!
PUTIFAR ¡Señor!
LOTA Excelsa Reina,
mil gracias.
REINA No hay de qué.
SACERDOTE Osiris dé a la esposa
lo que haya menester.
TODOS Osiris dé a la esposa
lo que haya menester.
COPERO Señor, marchemos.
FARAÓN Marchemos pues.
TODOS Que los dioses les concedan
larga luna y mucha miel.

(Se van todos menos Lota y Putifar.)

PUTIFAR Salve, Lota.
Salve, Lota, pura y bella
flor galana,
flor galana de mi hogar.
Tú serás la reina
de mis amores,
mi bien serás.
Salve, Lota, pura y bella
flor galana de mi hogar.
LOTA Noble esposo, bravo y fuerte,
yo tu esposa fiel seré.
Yo seré la hiedra amante
que tu tronco abrazaré.

(Salen Selhá y Seti.)

SELHÁ ¡Señor!
PUTIFAR ¿Por qué me llamas
en esta situación?
SELHÁ Porque aquí se ha presentado
un negocio de ocasión.
Unos ismaelitas
venden a un hebreo.
SETI Tiene buena pinta.
SELHÁ Y además no es feo.
SETI Lo dan muy barato.
SELHÁ Y una ganga es.
PUTIFAR Pues venga y otro esclavo
tendrá mi mujer.

(Salen con José los Ismaelitas, Raquel y las Esclavas.)

SELHÁ Y SETI Este es el esclavo.
JOSÉ Muy buenas, señores.
LOTA El joven que vimos
en paños menores.
RAQUEL El de la cisterna.
LOTA El mismo, Raquel.
RAQUEL ¡Es él!
LOTA ¡Es él!
LAS DOS No hay duda que es él.
PUTIFAR Hecho el trato. Me conviene.
Este esclavo es para ti.
LOTA Gracias mil, Raquel, amiga,
porque otra vez le vi.
PUTIFAR ¿Cuál es tu nombre?
JOSÉ José me llamo.
PUTIFAR Pues desde ahora
yo soy tu amo.
Esclavas, llevadla
y con suaves perfumes de Oriente
perfumadla.
Tú, José, con las esclavas.
JOSÉ ¡Qué vergüenza, yo no sé
entre tantas, tú tan casto,
qué te va a pasar, José!
RAQUEL Te aguarda, mi señora,
la cámara nupcial,
y a buscarte irá el esposo
que tus brazos buscará.

(Mutis Lota, Raquel, José y Esclavas.)

PUTIFAR ¡Qué situación!
SELHÁ Y SETI Difícil es.
PUTIFAR ¡Qué va a decir!
SELHÁ Figúrate.
SETI Temblando estás,
noble señor.
PUTIFAR Decís verdad,
temblando estoy.
mas no soy un gallina.
Lo dijo mi valor.
SETI Pero eres otra cosa
mucho peor.
RAQUEL (Dentro.)

Te aguarda mi señora,
la cámara nupcial,
y a buscarte irá el esposo
que tus brazos buscará.

(Telón lento.)


M U T A C I Ó N