Un homenaje a todos aquellos artífices que hicieron posible la historia del teatro frívolo español
jueves, 19 de enero de 2012
Biblioteca de la revista (L): De Madrid... al cuplé. Una crónica cantada
lunes, 9 de enero de 2012
Los discos de Olga María Ramos para amantes del cuplé y la revista (I): DE MADRID... AL CUPLÉ
Incluye los siguientes números:miércoles, 22 de junio de 2011
El Martín, "templo de la revista musical española" (y II)
El divertido autor de libretos, paradigma del género, José Muñoz Román, estuvo a cargo del Martín como empresario del mismo viendo, pues, cómo muchas de las obras salidas de su prodigiosa mano, veían la luz en las tablas de este inolvidable coliseo. Adquirió la gestión empresarial y dirección artística del mismo a partir de 1941.Tras el fallecimiento de Muñoz Román, se dijo adiós a un fascinante mundo castizo, espectacular y añorado, mezcla de cabaret y escenario. Chotis, boleros, pasodobles, fox, charlestón... de los que fueron artífices Adrián Ortega, José Juan Cadenas, Quique Camoiras, Manuel Sugrañés, Eulogio Velasco, José Campúa, Queta Claver, Licia Calderón, Mary Luz Real, Gloria Lacalle, María de los Ángeles Flores, entre otros. Pero ello no significó el final de un teatro madrileño que, inmediatamente, emprendería nuevas andaduras artísticas bajo la tutela de otros empresarios como Matías Colsada o Fernando Collado. Nombres como Salvador Távora, Albert Vidal, Alfonso Vallejo o Eugenio Mateos, van a poner el broche final a uno de los teatros más brillantes de la capital española.
Cerrado en 1989, se derrumbó tras una riada en mayo de 1994 poniendo fin a una larga existencia repleta de éxitos e inolvidables noches de risas y carcajadas en un país que prontamente sabe olvidar a sus estrellas y hace poco por recuperar parte de nuestro acervo cultural más intrínseco.
viernes, 15 de abril de 2011
SICALIPSIS NOW Un repaso al cuplé más frívolo
sábado, 3 de julio de 2010
Regresa la revista de revistas... Las leandras este verano en el Reina Victoria de Madrid
Así es. Por fin regresa nuestra tradicional revista tal y como fue concebida por sus autores. El Teatro Reina Victoria de Madrid acoge desde el 2 de julio al 29 de agosto de este verano de 2010 el celebérrimo "pasatiempo cómico-lírico" de José Muñoz Román, Emilio González del Castillo y el maestro Alonso, Las leandras y, con ella, "Las viudas", "Pichi", "Los nardos", "Clara Bow fiel a la Marina", "La verbena de San Antonio"...lunes, 24 de mayo de 2010
Aquellas inolvidables revistas... (XXXIII): Las mujeres de Lacuesta (1926)
Las mujeres de Lacuesta (1926), “humorada en un acto dividido en cuatro cuadros y un tarjetón de boda” con libreto de Antonio Paso (hijo) y Francisco G. Loygorri con música del maestro Jacinto Guerrero que dio lugar a uno de los primeros anuncios cantados (años más tarde se pondría de moda en radio y televisión, principalmente) y que aparecía en los cuplés de otra revista del maestro Guerrero titulada El país de los tontos (1930) mientras ésta se representaba con éxito en otro teatro:Dos mujeres muy hermosas
vi en la cuesta de La Vega,
y aunque he vuelto aquí a buscarlas
no he podido nunca verlas.
Preguntando ayer por ellas
me decía Serafín:
Las mujeres de Lacuesta
las he visto yo en Martín.
Las mujeres de Lacuesta fue estrenada en el Teatro Martín de Madrid la noche del 21 de noviembre obteniendo con ello un grandioso éxito de público. Su argumento giraba en torno a Teobaldo Lacuesta y Lamuela, un vago e incorregible conquistador de mujeres que celebra su despedida de soltero ya que, dentro de poco, va a contraer matrimonio con una joven adinerada, Leona, para poner fin a todos sus problemas económicos a pesar de la oposición del padre y del novio de aquélla, Elvino y Currito, respectivamente. Sin embargo y, ante la amenaza de los enamorados de casarse lo quiera Elvino o no, éste accede con la condición de que, en un plazo determinado de tiempo, han de traerle un nieto. Así, pues, tanto Teobaldo como Leona se casan y pasan su luna de miel en un hotelito de Venecia, pero las cosas no son como aparentan. Teobaldo, harto de su mujer, no consuma su matrimonio y se dedica a flirtear con Lucinda, la camarera del hotelito en el que se encuentran y con la que ha quedado la noche que se celebran los Carnavales. Generoso, amigo de Teobaldo al que éste le debe una cuantiosa suma de dinero, le hace ver que, o tiene un hijo con Leona o todas sus deudas no podrán ser saldadas; por lo que Teobaldo le propone a Generoso un plan: encontrar a alguien con el que su mujercita pueda tener un hijo y así verse libre, ya no sólo de sus problemas económicos sino, además, de hacerse con la fortuna de aquélla y contentar a su suegro, y esa persona no es otra que Spingarda, el maitre del hotel. Pero para complicar aún más las cosas, llegan a Venecia Elvino (con Martirio, su joven esposa quien, a su vez, está enamorada de Teobaldo) y Currito, el que fuera novio de Leona, para intentar, por todos los medios separar el matrimonio. Una vez allí, Elvino coquetea con Lucinda y se entera de que esa noche va a acudir al baile de disfraces su yerno con ella, por lo que el airado padre le promete una cuatiosa cantidad de dinero si consigue que Teobaldo baile con Lucinda.
Por fin llega la gran noche del baile de disfraces donde Lucinda ha sido nombrada Reina del Carnaval. Una vez allí, tanto Generoso como Elvino aparecen disfrazados con un traje Luis XV, mientras que por su parte, Curirrito, Teobaldo y Spingarda aparecen disfrazados de mosqueteros dando lugar a cómicas situaciones de cambios de identidad. Así, Leona se cita con Teobaldo, quien cree, a su vez, que se trata de Lucinda. Martirio hace lo propio con Spingarda creyéndolo Teobaldo y aquél la toma por Leona; por su parte, Currito es objeto de una tremenda persecución por parte de don Elvino, quien lo ha confundido con su yerno al enterarse de que va a engañar a su hija con otra mujer y aquél, a su vez, es tomado por Generoso y, consecuentemente, perseguido por un grupo de camareros disfrazados de mosqueteros a quienes había abofeteado creyéndolos, cada uno independientemente, Teobaldo. Finalmente, todo se aclarará para los personajes de la obra: Teobaldo y Lucinda, consumado su matrimonio, recibirán el dinero de la cláusula que Elvino puso como condición; éste volverá a Madrid con Martirio dispuesto a darle un escarmiento a su mujercita; Spingarda cobrará el dinero prometido, mientras que Currito y Generoso disfrutarán del fin de la fiesta de carnaval, momento aprovechado por los autores para incluir la ya clásica apoteosis de la revista
Aquellas inolvidables revistas... (XXXII): El adiós a la vida (1925)
El adiós a la vida (1925), “pasatiempo cómico-lírico en un acto, cuatro cuadros y un entrecuadro” con libreto original de Arroyo, Lozano y Bertrán con música de los maestros Lloret y Muñoa fue estrenado el 2 de septiembre de mencionado año en el Teatro Rey Alfonso de Madrid: Lolita Quiroga, una bella tanquista que trabaja en un cabaret, va a dar dentro de pocos días su particular adiós a la vida cambiando de estado y contrayendo matrimonio con un rico industrial de Calahorra que posee una fábrica de conservas. Junto a ella vive su doncella, Pepita, una chica muy mona y alegre que tiene un novio, Polito, chulo, castizo, bien parecido y amante del fútbol. Como Lolita desconoce la existencia del novio de su doncella, ésta, para evitar que lo vea mientras le da de comer, decide esconderlo en un armario ropero. Lolita lo descubre y Polito, para, a su vez no delatar a su novia y que ésta pierda su empleo, no se le ocurre otra cosa que decirle a la chica que se ha colado en la casa porque está enamorado de ella. Adulada, Lolita le invita a cenar para así tener una última aventura antes de su cercana boda. Cuando Pepita los ve salir juntos, creyendo que su señora conoce la verdad, decide vengarse de ambos, para lo cual toma el mejor traje de la Quiroga y se marcha dispuesta a tomarse la justicia por su mano.La casualidad o el destino hace que Pepita conozca a un caballero, Carloto Morroncillo, quien no cesa de cortejar a la mujer. Ella, conocedora de que un hombre así puede servirla para su particular venganza, accede a los ruegos de su pretendiente y la invita a un restaurante que, como habrán adivinado, resulta el mismo al que han ido a parar Polito y Lolita. Cada pareja, en su correspondiente reservado charla animadamente disfrutando de la velada hasta que Polito ve a Carloto y, ¡para enredar más el asunto! resulta ser su tío carnal. Polito y Pepita se descubren mutuamente en el restaurante, enterándose aquélla de que su acompañante no es otro que el prometido de su señorita, quien, al igual que ésta, pretendía dar su particular adiós a su vida de soltero. Polito, tras haber pedido perdón a su novia, decide que lo mejor para los dos es huir en tren.
Una vez en el andén, tanto las jefas, como las mozas de la estación entonan el siguiente número donde se compara a la mujer con las distintas clases de coches:
Por honesta y recatada
una niña casadera,
si de amor no sabe nada
es un coche de primera.
Mas si ya triunfó en amores
su pasión ciega y profunda
para sus adoradores,
es un coche de segunda.
[...] Las viuditas y casadas
que hacen caso de cualquiera
esas ya están tan pasadas
que son coches de tercera.
Y la que ninguno quiere
aunque vaya y venga sola,
si soltera al fin se muere,
ésa es el furgón de cola.
[...] Las cocots y las tanguistas,
que triunfan de tantos modos
y al amar se llaman listas,
son “slipin” para todos.
Y la suegra gordinflona,
que tiene genio de fiera,
por molesta y por gruñona,
ésa es siempre la “perrera”.
Una vez subidos al vagón, Lolita los descubre. Estos le suplican perdón y marchan a la Costa Azul francesa ante la mirada impertérrita y asombrada de Carloto que vé cómo todos se van mientras él pierde el tren. Finalmente, todo se resolverá a favor de Polito y Pepita a la par que Lolita dará el merecido escarmiento a su prometido por intentar mantener una aventura con su doncella.
Aquellas inolvidables revistas... (XXIX): Ministerio de Estrellas (1917)
Ministerio de estrellas (1917), de Emilio González del Castillo, José Pérez López y los maestros Quislant y Badía estrenada en el Teatro Cómico de Madrid con los célebres Loreto Prado y Enrique Chicote como máximos protagonistas de una endeble historia cuya acción comenzaba en el inmaginario país de Orbeamor donde su triste princesa Dalmina llora desconsolada por no encontrar el tan ansiado y romántico amor que todas las mujeres anhelan tener. Claro que su tristeza se ve paliada por la llegada del Príncipe del Cuplé, tipo alegre, jovial y despreocupado que inmediatamente prende en el amor de la joven princesa.El Príncipe del Cuplé, junto a su séquito, desea, además de conseguir el amor de Dalmina, conquistar España, un país lleno de tristeza donde sus irreprimibles deseos de fiesta y alegría podrían hondamente cuajar en el pueblo. Así, el castizo país es conquistado por las mujeres cupletistas, auténticas estrellas de la frivolidad, componiendo un Gobierno de estrellas del cuplé: Ministerio de Presidencia (La Argentinita), Gobernación (La Chelito), Guerra (Pastora Imperio), Marina (Emilia Benito), Gracia y Justicia (Paquita Escribano), Bellas Artes (La Goya), Estado (Úrsula López), Fomento (Amalia Molina) y Hacienda (Adela Lulú). La “revista fantástica”, salpicada de variados números musicales que sirven de pretexto a la acción para completar su desarrollo, finalmente acabará con la restauración del hombre en la política nacional y el regreso de las estrellas cupletistas a Orbeamor.
domingo, 23 de mayo de 2010
Aquellas inolvidables revistas... (XXV): La hechicera en palacio (1950)
El 23 de noviembre de 1950 y en el escenario del madrileño Teatro Alcázar, a donde se había instalada junto a su Gran Compañía de Operetas y Comedias Musicales, Celia Gámez estrena con libreto de Arturo Rigel y Francisco Ramos de Castro con música de los maestros Padilla y Ferri, la grandiosa opereta La hechicera en palacio que incorpora a su partitura una de las melodías más importantes del género, esto es, la célebe “Estudiantina portuguesa”:Pero la revista en sí constituyó otro resonante boom teatral, siendo acompañada en esta ocasión por Carlos Tajes, Olvido Rodríguez, Pepe Bárcenas, Olvido Rodríguez, Cipriano Redondo, José Santocha, Julián Herrera y Paquito Cano, entre otros:
Taringia, país imaginario, va a celebrar las fiestas conmemorativas del tricentenario de su fundación; pero éstas se van a ver empañadas por la inminente ejecución del pirata Arturo Taolí, arrogante y generoso ídolo del pueblo (al punto que le envidia el mismo rey acusado injustamente de haber dado muerte a Fabio Lupio, quien, en realidad, fue mandado asesinar por orden de la reina Deseada, despreciada en su amor por el valiente pirata.
Cornelio V, rey de Taringia, sufre una extraña enfermedad y, la única persona en Taringia que podría llegar a curarlo sería Patricia, hermana de Fabio, una hermosa y bella hechicera, reina del barrio de la Herrería, con poderes mágicos, enamorada secretamente de Arturo Taolí promete al pueblo que éste no morirá y que llegará hasta palacio para impedir el ajusticiamiento de aquél.
Efectivamente. El juramento de Patricia se cumple. Ésta ha sido nombrada dama de honor de la reina Deseada. Por fin la hechicera está en palacio, aunque lo que ella no sabe es que la propia reina desea tenerla cerca para poder vigilarla aún a sabiendas de los sentimientos que aquélla siente por Taolí.
El pueblo entero se da pues cita en la plaza de armas del castillo regio. Taolí va a ser ejecutado: “Esta es la justicia que Su Majestad Cornelio V de Taringia manda hacer en la persona de Arturo Taolí, pirata y ladrón, conspirador y asesino de Fabio Lupio. La justicia del Rey ordena que sea decapitado en la plaza de armas del castillo prisión de San Nazario a la vista del pueblo y que su cabeza se cuelgue en la picota para escarmiento de malhechores”.
Pero en el preciso instante en que el noble pirata va a ser ajusticiado, el rey le concede la libertad a cambio de que interceda ante Patricia y cure su enfermedad. Aquél entonces se niega. Patricia intenta interceder ante Cornelio pero de nada sirve. Arturo pide entonces un último deseo. Cantarle al pueblo:
No me importa renunciar
a lo que soy, ni a lo que fui
porque su amor
ha de ser para mí.
Por amar a una mujer
voy a morir con ilusión,
pues viviré
para su corazón.
Concluida su petición, el verdugo, hacha en mano se dispone a ejecutar la orden real; pero la llegada del Príncipe Picio, aplaza la sentencia para otro momento. Patricia, a escondidas, visita entonces a Taolí en su lóbrega prisión. Allí, encadenado con grilletes, le pide a la hechicera que reciba en su seno a una mujer que, procedente de España, va a llegar a las costas de Taringia. Esa mujer es muy importante para él. Es su novia de España:
Las majas españolas llevan por dentro,
llevan por dentro
unos cascabelitos
cascabeleros de alegre son;
y su repique suena con alegría, con alegría
prendiéndose risueña en las alitas del corazón.
¡Ay, Manolín, Manolín,
ni que sí ni que no,
ni que no ni que sí!
Patricia, empleando sus poderes, libera a Taolí y promete hacerse cargo de la mujer; pero, aún así, la hechicera no puede dejar de pensar en Arturo:
Pienso en ti
y un rayo de sol
hace arder
mis ansias de amor.
Ese es mi mayor placer.
Mi dulce ilusión
también.
Pero tú me olvidarás.
Mi dulce ilusión
serás.
Pienso en ti
en ti nada más.
La corte mientras tanto se reúne; no sólo a Patricia la hechicera van a imponerle el Collar de la Verdad sino que el Príncipe Picio, joven delgado, pálido, ojeroso, débil y, para más señas, muy muy dormilón, llega a Taringia procedente de Europa acompañado de su aya Sebastiana, Gran Duquesa del Pompín, esposa, a su vez, de Epifanio, Gran Duque del Pompón, amigo personal del rey Cornelio. Picio al parecer era un joven despierto y muy vivaracho cuando se fue a recorrer Europa para aprender a convertirse en hombre y educarse correctamente y ahora ha vuelto hecho un desastre, ¿por qué? La Gran Duquesa del Pompín tiene la respuesta y es que lo ha consentido tanto y en todos los aspectos posibles que Picio se aburre sobremanera, claro que hasta que conoce a Patricia con la que vuelve a su antiguo estado y de la que se enamora locamente:
Yo le suplico a su Alteza
que por favor se retire
porque al mirarle a mi lado...
No me mire, no me mire.
Porque yo soy muy sensible
y si a mi lado le veo,
como me miren sus ojos...
Me mareo, me mareo.
Déjeme que me sostenga.
A mi pregunta responda:
¿Qué le parezco a su Alteza?
¡Qué es la monda, qué es la monda!
Su timidez me enamora ¡ay!
¡Qué señora, ay, que señora, ay!
Pero hay que disimular
que la gente de la Corte
es muy dada a murmurar.
A las costas de Taringia va llegando un navío español. Dentro de él, Patricia, disfrazada de polizón se ha introducido para averiguar el paradero de la mujer que ansiosamente espera Taolí. Allí, la hechicera vivirá una serie de cómicas peripecias motivadas, fundamentalmente, por su disfraz de hombre. Pero la vida en el barco es más dura de lo que Patricia pensaba. No solamente conoce a Cintia, joven y hermosa madrileña que llega desde España para ver al hombre que ama, sino también a Martina, noble y generosa mujer, también de origen español deseosa de encontrarse con el hombre al que
más quiere en toda su vida. Para Patricia surge entonces una diatriba, ¿cuál de las dos mujeres es la que espera Arturo? Junto a ellas, varias delegaciones de diversos países también arriban a las costas taringianas para celebrar su fundación entre ellas unos estudiantes de Coimbra:
Somos cantores de la tierra lusitana,
traemos canciones de los aires y del mar.
Vamos llenando los balcones y ventanas
de melodías de la antigua Portugal.
Oporto riega en vino rojo las laderas,
de flores rojas va cubierto el litoral,
verde es el Tajo, verdes son sus dos riberas,
los dos colores de la enseña nacional.
Mientras tanto, en Taringia, las cosas parecen no ir demasiado bien. El Gran Duque del Pompón ve coquetear a su mujer con el Príncipe Picio, quien se deshace por Patricia y
Deseada, rencorosa, ordena matar a Cornelio cuando en ese instante aparece Taolí
descubriendo la verdad:
Pero la nobleza de Arturo Taolí es tal que le salva la vida al rey Cornelio justo en el instante en que el lacayo contratado por Deseada le dispara una flecha mortal hiriéndole tan sólo su brazo. El rey, en recompensa, le perdona la vida.
Mientras tanto, las delegaciones de los diferentes países que han llegado a Taringia van reuniéndose poco a poco en la Corte:
La fiesta ya va a comenzar
nunca en Taringia se vio nada igual.
Son tres veces cien,
los años que hoy
se cumplen de antigüedad.
No hay un país,
que no esté aquí,
pues todos mandan su Delegación,
para hacer honor
a la Fundación
de la gran nación.
Mandó el francés,
su Embajador.
Este señor, español.
El portugués,
junto al inglés
Y nadie faltó.
¡Qué emoción, singular,
las fiestas del Reino
tendrán majestad!
Su esplendor,
sin igual,
en el mundo entero
se recordará.
Hoy Taringia agradecida,
no olvidará ya en la vida
la fiesta, que quede en la memoria
de toda la nación.
Cintia descubre entonces que era al Príncipe Picio al que venía a ver ya que aquél le prometió, cuando estuvo en España, casarse con ella; por lo tanto, era Martina la mujer que tan ansioso esperaba Taolí: su madre. Por su parte, los restantes miembros de la Corte intentan escapar como pueden llevándose consigo dinero, alhajas y bonos del Estado, entre ellos Cornelio y Deseada y Sebastiana junto a Epifanio. Patricia entonces puede abrazarse a su amado y consumar la felicidad que el aciago destino tanto les había negado cantando al unísono el “Himno de Taringia”, hecho éste muy enraizado con las grandes espectáculos operísticos centroeuropeos:
Cariño, nace en mí con ansia loca,
me miro en tus ojos y en tu boca.
Y siento una dulce sensación
que acerca hacia mí tu corazón.
Taringia, no me importan los dolores,
Taringia, si florecen mis amores.
Por ella, nueva vida se abrirá.
Mi vida a la suya unida va.
martes, 25 de agosto de 2009
En el IVº aniversario de su fallecimiento... OLGA RAMOS (1918-2005): "...si me perdiera mañana, no me dejéis de querer..." ( y V)

Entre los muchos premios conseguidos, Olga Ramos ha recibido la medalla de Oro al Mérito al Trabajo, ha sido Popular del diatrio Pueblo 1971, tiene la Medalla de Madrid al Mérito Artístico, medalla de la Fundación Villa y Corte, gran lazo de Dama de Isabel la Católica, o medalla de oro Agustín Lara. Al ser informada de la decisión del Jurado de los Premios Madrid, Olga Ramos reconoce que se emocionó. "Sentí un orgullo enorme y pensé que era un honor y un reconocmiento al amor que le tengo a Madrid. Adoro esta ciudad y no pe puedo pasar sin ver sus calles y a sus gentes. Y es que he entregado mi vida a Madrid".
Reconoce que se siente "como al reina del cuplé. El cuplé es una cosa muy difícil y hasta que la cantamos nosotras eran unas letras hermosas pero muy monótonas. Nosotras le dimos una dimensión, la profundidad que hizo que traspasara las candilejas y llegara al corazón. Nosotras empezamos a interpretar un cuplé teatral que hacía reír y llorar, y a partir de entonces todas querían cantar como Olga Ramos".
En el IVº aniversario de su fallecimiento... OLGA RAMOS (1918-2005): "...si me perdiera mañana, no me dejéis de querer..." (IV)

lunes, 17 de agosto de 2009
De Madrid al cuplé. Un blog hermano

